Es sólo cuestión de tiempo para que se apruebe la reforma electoral. Con esto se estará cerrando la parte final del proyecto de López Obrador para la 4T, lo cual ha sido ampliamente aprobado y alentado por la Presidenta.
De la idea original de López Obrador hay algunos cambios, pero en esencia está lo que el tabasqueño propuso en la parte final de su administración. Una de las áreas centrales de su proyecto es el costo de la democracia.
Es cierto que las elecciones nos han salido muy caras; sin embargo, también es cierto que todo se debe a que los procesos electorales, y en general la vida de los partidos, se ha desarrollado bajo el signo de la desconfianza. De lo que se ha tratado es de crear una gran cantidad de controles y de mecanismos que permitan plena claridad y transparencia ante la ciudadanía.

La estrategia de Claudia
La democracia nos ha costado, pero ahora tenemos mecanismos que nos permiten tener confianza. Quienes hacemos la elección y contamos los votos somos los ciudadanos. La movilización en cada elección es de cerca de 2 millones de personas, las cuales de manera comprometida participan.
Otro gran avance ha sido la credencial de elector. Nos ha servido para identificarnos y para votar. Es hoy por hoy el documento de identificación ciudadana más importante que tenemos.
La democracia cuesta y de la noche a la mañana no puede convertirse en una instancia en la que, con tal de ahorrar, más cerca del austericismo que de la austeridad, diluyamos su efectividad, su independencia y la confianza.
No tiene sentido desconocer el gran avance democrático de los últimos años, el cual fue el que permitió la legalidad del triunfo de López Obrador. La victoria del tabasqueño se basó, entre otros elementos, en el gran apoyo que obtuvo. Todo esto tuvo como base la existencia de mecanismos legales que le otorgaron la legitimidad a su inobjetable victoria.
Estamos ante algunos inéditos. Uno de ellos es que la propuesta de reforma viene de la clase gobernante. Lo que ha sucedido con otras reformas es que parten de un consenso y de un trabajo colectivo de los actores políticos del país, en esta ocasión no está siendo así.
La Presidenta designó una comisión de personajes afines quienes han llevado a cabo una serie de foros que no han dado pie a un debate abierto. Las participaciones se tuvieron que circunscribir a cinco minutos y no hubo tiempo para preguntas. En otros casos no se ha permitido participar a personajes con una visión distinta de lo poco que se conoce del proyecto de reforma.
No se ha permitido una participación más abierta y de debate que permitiera fortalecer el contenido de la reforma. Se han dado casos como el de un diputado que impugna a un expositor en la Cámara de Diputados con razonamientos que evidencian la falta del conocimiento de las leyes en la materia.
El futuro de la reforma podrá ser de certidumbre para la clase gobernante, pero no para los necesarios consensos y el fortalecimiento de una democracia que trascienda a la clase política hoy en el poder.
No queda claro si lo que se busca es una reforma que ensanche las libertades, la pluralidad, la participación y la representatividad, o más bien están pensando en la construcción de una reforma que les permita organizar la vida del país para que quienes gobiernan terminen enquistándose en el poder.
La democracia bajo esta perspectiva se convierte en un elemento de uso más que en una forma de organización social y de vida ciudadana. La Presidenta ha informado que esta semana se estará presentando la reforma.
No se vislumbran buenos augurios por lo que hasta ahora se ha dado a conocer. Viene una reforma que todo indica concentrará aún más el poder político.
RESQUICIOS.
Se dice que EU no tendría inconveniente en que México siguiera enviando petróleo a Cuba. El tema tiene dos maneras de verse: por un lado, es positivo para la isla, y por otro, seguimos sin saber internamente cuáles son los acuerdos que se tienen con Cuba.

