BAJO SOSPECHA

Irán, el epicentro de una crisis mundial

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Hay más de mil 850 manifestantes muertos y más de 10 mil detenidos en Irán. Las protestas han sido brutalmente reprimidas por las fuerzas de seguridad, con miles de fallecidos y presos. Se está viviendo uno de los movimientos de disidencia más importantes de las últimas décadas.

Las protestas masivas se intensificaron desde finales de diciembre de 2025. Lo que supuestamente empezó como una manifestación por el alto costo de la vida en los bazares, la devaluación de la moneda y la grave crisis económica destapó el descontento acumulado de años de la ciudadanía y se acabó convirtiendo en manifestaciones contra el gobierno teocrático que está en el poder desde la Revolución islámica de 1979.

El régimen iraní es una república islámica dirigida por un líder supremo y un clero con poder político y religioso, con poco espacio para la oposición democrática. Si bien las decisiones económicas que ha tomado el régimen, como la decisión del Banco Central de eliminar un programa de acceso barato a dólares, lo que disparó los precios y quebró cientos de negocios, han generado descontento, esto es sólo la punta del iceberg, que demuestra el hartazgo por años de represión ejercida.

A esto hay que agregar la corrupción, la mala gestión de recursos y los problemas ambientales, que han agravado la crisis.

Estas protestas continúan intensificándose y ya se perfilan como uno de los movimientos sociales más relevantes de los últimos años, tanto por su alcance interno como por sus posibles implicaciones geopolíticas.

Las manifestaciones, que se extienden a las 31 provincias del país, han sido alimentadas por la censura gubernamental, la crisis económica y un profundo descontento con el régimen teocrático que gobierna desde la Revolución de 1979.

REPRESIÓN

Manifestantes queman una imagen del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en Holon, Israel,ayer.
Manifestantes queman una imagen del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en Holon, Israel,ayer. ı Foto: AP

Estas manifestaciones representan el mayor desafío que enfrenta el régimen en años recientes. La magnitud y persistencia del movimiento abre interrogantes sobre el futuro político de Irán y sobre cómo un eventual cambio interno podría alterar el equilibrio geopolítico en una región ya marcada por tensiones constantes.

Aunque no existe una cifra oficial de víctimas, distintas estimaciones hablan de entre mil 850 y más de dos mil 400 muertos, incluidos al menos nueve menores de edad, así como cerca de 10 mil personas detenidas. Lo que comenzó como una protesta contra el alto costo de la vida y la inflación desbordada, especialmente en los bazares, evolucionó rápidamente hacia un movimiento abiertamente antigubernamental.

En Irán, las mujeres han sido protagonistas de las protestas porque no sólo luchan contra la crisis económica y la represión del gobierno, sino también contra la discriminación y las restricciones a sus derechos que enfrentan en su vida diaria.

Desde las protestas de 2022, tras la muerte de Mahsa Amini, una joven kurda iraní de 22 años, tras ser detenida por la policía de la moral por el “uso indebido” del hiyab, las mujeres se convirtieron en símbolo de resistencia. Su muerte desató protestas masivas contra la represión y las leyes del régimen.

Con estas nuevas protestas, las mujeres han desafiado las leyes de vestimenta obligatoria y otras normas opresivas, quitándose el hiyab, cortándose el cabello y participando activamente en las marchas. En esta ola reciente, muchas han quemado imágenes del líder supremo o realizado actos simbólicos de resistencia contra las reglas estrictas de género, arriesgando su seguridad y libertad.

Pero también están siendo reprimidas de forma brutal. Las autoridades iraníes han respondido con fuerza extrema y violencia contra los manifestantes, incluidas muchas mujeres que protestan por derechos y libertades.

Las fuerzas de seguridad han disparado munición real y gases lacrimógenos, matando e hiriendo a numerosas mujeres en las calles y en manifestaciones pacíficas. También han realizado arrestos arbitrarios y detenciones masivas, y aplicado tácticas de miedo como apagones de Internet para aislar y silenciar a las activistas.

Además, hay reportes de juicios rápidos, torturas en custodia y amenazas de penas severas, lo que aumenta el riesgo para las mujeres que participan en las protestas.

Para Estados Unidos se señala a Irán como protector de grupos terroristas como Hezbolá en Líbano y Hamas, así como de milicias chiitas en Irak y Siria.

Hamas y Hezbolá son grupos islamistas armados, enemigos de Israel y opositores a Estados Unidos. Hamas es sunita, gobierna la Franja de Gaza desde 2007 y combina actividad política con un ala militar. Hezbolá es chiita, opera desde Líbano, tiene un poderoso aparato armado y participa en la política libanesa. Ambos reciben apoyo de Irán y son considerados organizaciones terroristas por varios países.

Irán mantiene una confrontación histórica con Estados Unidos desde la Revolución islámica de 1979, cuando el país rompió con Occidente y estableció una república islámica teocrática liderada por el clero chiita. El régimen iraní se opone a la influencia política y militar estadounidense en Medio Oriente, rechaza las sanciones económicas y promueve un discurso abiertamente antiestadounidense y antiisraelí.

Irán ha construido alianzas con gobiernos que comparten esa postura, entre ellos Venezuela, con quien coopera en materia energética, diplomática y estratégica como parte de un eje político contrario a Washington.

Ayer, en la portada de La Razón, se publicó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha animado a los manifestantes iraníes a seguir protestando, afirmando que “la ayuda está en camino” y advirtiendo de posibles consecuencias severas si el régimen ejecuta a los manifestantes o continúa con su represión violenta. También canceló negociaciones con el gobierno iraní hasta que se detenga la violencia y ha considerado diversas opciones, incluyendo sanciones económicas y mayor presión internacional.

En respuesta, el régimen iraní ha rechazado las acusaciones y responsabilizado a Estados Unidos e Israel de incitar los disturbios, denunciando lo que considera interferencia extranjera en asuntos internos. Las autoridades iraníes han acusado a Washington de apoyar a los manifestantes y de querer desestabilizar al país, y han advertido que cualquier intervención externa provocaría una respuesta firme e incluso represalias regionales.

Para Estados Unidos, intervenir en Irán sería una forma de intentar frenar la masacre que el régimen está cometiendo contra quienes piensan diferente y de atacar a los grupos terroristas.

Se están matando manifestantes, causando miles de muertos, incluidos jóvenes y civiles; hay miles de arrestos arbitrarios, algunos detenidos son torturados, otros sentenciados a muerte, además de bloqueos de Internet y de las comunicaciones.

Y mientras organizaciones internacionales han denunciado violaciones graves de derechos humanos y posibles crímenes contra la humanidad, no podemos dejar de ver lo que está sucediendo en Irán. La represión es brutal y el riesgo es global. Lo que estalla en Medio Oriente impacta en la seguridad, la energía y la estabilidad del mundo entero.

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