Al Gobierno mexicano se le está acabando la lista de narcotraficantes detenidos para ser trasladados a EU.
En el vecino país juegan con el tema. Ayer ponderaron la decisión de la Presidenta, pero hace algunas semanas Donald Trump aseguró que lo hacían “para tenerme contento”.
Para México es una decisión difícil. Con la poca capacidad de maniobra que se tiene en esta materia no queda de otra que buscar cómo atemperar las broncas. La decisión también muestra las dificultades que se tienen para mantener en las cárceles mexicanas a delincuentes que se mueven a sus anchas y que además siguen actuando en medio de la plena impunidad.

¿Por qué no está vinculado Ojeda?
Presumimos que es una decisión difícil porque, como sea, son connacionales con derechos, a pesar de ser delincuentes mayores. Sin embargo, al tiempo que se les traslada obligadamente no se puede negar que el Gobierno se quita un peso de encima, porque no tiene materialmente manera de controlarlos en sus propias cárceles.
La lista se va reduciendo. El Gobierno no va a tener de otra que pensar en lo que va a tener que hacer a mediano plazo después de que haya enviado a todos aquellos que EU quiere. Por lo pronto, con los 92 delincuentes que ya tiene en sus cárceles, la justicia estadounidense está en posibilidad de tener muy buena información sobre cómo la delincuencia organizada actúa en nuestro país, cómo logra trasladar la droga y sus contactos en México y EU.
El Gobierno mexicano lo sabe. Está tratando de patear el bote para que Trump aprecie la “buena voluntad” que tiene para trasladar delincuentes como un acto que le ofrezca evidencias de que se está actuando en contra de la delincuencia organizada y se está colaborando en la relación bilateral.
Claudia Sheinbaum ha dicho que la narcopolítica no ha sido tocada en ninguna de las 15 llamadas que ha tenido con su homólogo estadounidense. Pudiera ser que no, pero no puede pasar de largo que en las conversaciones que han sostenido integrantes de su gabinete con los del vecino país se ha hablado del tema; Marco Rubio en diferentes ocasiones ha hecho referencia a ello.
El problema que se nos viene es que Trump va a intensificar sus presiones, porque requiere de una multiplicidad de elementos para enfrentar el proceso electoral interno que por ahora tiene dosis de incertidumbre. No las tiene todas consigo, como se puede apreciar con sus bajos niveles de popularidad, en algunas encuestas alcanza 42% con una clara manifestación de rechazo a su gestión.
En nuestra cotidiana insistencia sobre que en algunas cosas con Trump no hay camino de regreso, debemos de colocar en algunas áreas también a México. Sus constantes referencias a que empezará a tomar medidas vía terrestre en contra de los cárteles, a lo que hay que sumar que cada vez que puede asegura que la delincuencia organizada gobierna a México por encima de la Presidenta, tarde que temprano se hará como fuere efectiva, van siendo prueba inequívoca de lo que se puede venir.
Cuando suceda, posiblemente se llegue a algunos acuerdos, como hablar de acciones en conjunto para paliar el asunto, particularmente en México. No hay elementos para considerar que el Gobierno en esta materia pudiera tener capacidad de maniobra.
A estas alturas, es difícil que se pueda tomar otro camino. Algo que podría dar un relativo giro es que se pusiera en la mesa la narcopolítica.
Sin embargo, el Gobierno cuida a los suyos, independientemente de todas sus tropelías. Con eso de que no hay denuncia se les defiende como si no hubiera otros mecanismos para el propio Gobierno investigara a los suyos.
La narcopolítica está en la lista.
RESQUICIOS.
Viejos tiempos, mismos tiempos. Hace varios años, quien era el nuevo presidente del PAN, Germán Martínez, visitó a Felipe Calderón para ofrecerle el partido, todo resultó escandaloso. Esta semana, la presidenta y el secretario de organización de Morena le fueron a informar a la Presidenta cómo va el partido y ni quién chistara.

