FRONTERA DE PALABRAS

Día Internacional de la Coexistencia Pacífica

Mauricio Leyva. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Mauricio Leyva. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.

La paz es mucho más que la ausencia de guerra.

Organización de Naciones Unidas

La Organización de las Naciones Unidas conmemora este 28 de enero el Día Internacional de la Convivencia Pacífica. Esta fecha, dadas las condiciones actuales de violencia e inestabilidad, no debería —ni puede— pasar desapercibida. El llamado al respeto y a la tolerancia, así como a la dignidad que sostiene la vida humana y sus libertades, implica una responsabilidad no sólo individual, sino también colectiva. Hoy más que nunca somos testigos de la violencia política y económica que las principales potencias del mundo imponen sobre los países con menos recursos. A ello se suman las consecuencias de las dictaduras que persisten en diversas naciones de casi todos los continentes. Asimismo, existen múltiples frentes de violencia: desplazamientos forzados, reclutamiento por parte del narcotráfico, cobro de cuotas ilegales, explotación infantil como mano de obra barata en condiciones infrahumanas, feminicidios, intolerancia racial y religiosa, trata de personas, explotación sexual infantil y juvenil, así como constantes violaciones a los derechos humanos de las personas migrantes. Esta larga lista de atrocidades tiene un punto de origen común: la ausencia de una convivencia pacífica y el profundo desarraigo de los valores morales, humanos y universales que nos definen como seres humanos y que deberían diferenciarnos de otros seres vivos por el uso consciente y responsable de la razón.

Paradójicamente, quienes deberíamos ser los más conscientes del cuidado de la vida y del planeta somos, muchas veces, quienes causamos el mayor daño. Este siglo, que idealmente debería caracterizarse por la sensibilidad y la empatía, comienza a distinguirse, en cambio, por su enorme capacidad de infligir sufrimiento al mayor número de personas posible. La globalización, que ha traído consigo importantes beneficios, también ha servido para globalizar el miedo, el hambre y la muerte.

Por ello, las reflexiones que impulsa la Organización de las Naciones Unidas desde un enfoque de paz adquieren hoy un valor incuestionable. Como bien señala el organismo: La paz es mucho más que la ausencia de guerra: es la capacidad de convivir pese a nuestras diferencias —de sexo, raza, idioma, religión o cultura— y de defender, al mismo tiempo, la justicia y los derechos humanos que hacen posible esa convivencia.

Este mensaje emitido por la Organización de las Naciones Unidas debe replicarse tanto en la forma como en el fondo en los países que la integran. Los discursos de paz, tolerancia y convivencia incluyente deben ser asumidos de manera responsable por los gobernantes, ya que son ellos quienes tienen una mayor influencia en la ciudadanía. Sin embargo, cuando quienes deberían procurar el bien común optan por dividir y polarizar a la sociedad, poco puede esperarse como resultado positivo. Está demostrado que los gobiernos que fomentan la división social son los primeros en generar mayores daños, pues a mayor fragmentación, mayor debilidad ciudadana.

Esta estrategia suele ser preferida por líderes obtusos e ignorantes, incapaces de comprender que sólo una ciudadanía unida, consciente y fuerte puede garantizar un futuro próspero para cualquier proyecto de nación. En este sentido, contribuir a una convivencia pacífica no sólo constituye un deber ético, sino también una valiosa oportunidad para construir sociedades más justas, solidarias y humanas.

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