La toma de posesión presidencial de Nasry Asfura en Tegucigalpa pone fin a un turbulento proceso electoral en el que las irregularidades llevaron a que el otro candidato puntero, Salvador Nasralla, denunciara fraude, mientras la presidenta saliente, Xiomara Castro, que respaldaba abiertamente a otra candidata, Rixi Moncada, desconocía los resultados.
Asfura llega a la presidencia con apoyo explícito de Donald Trump, quien condicionó la asistencia financiera de Estados Unidos a ese país centroamericano a la elección de este líder de la nueva derecha local, aunque afiliado al tradicional Partido Nacional. El nuevo presidente buscará distanciarse de su predecesora en muchas áreas, especialmente en el combate a la inseguridad, pero también en la política exterior.
Durante el gobierno de Xiomara Castro, entre 2022 y 2026, Honduras regresó a la Alianza Bolivariana, a la que había pertenecido entre 2008 y 2009, antes de que el gobierno de su esposo, Manuel Zelaya, fuese derrocado por un golpe de Estado. Desde su llegada a la presidencia, que fue impulsada por el bloque bolivariano en 2022 y, específicamente, por el gobierno de Nicolás Maduro, Castro cumplió la promesa de reincorporar al país centroamericano a ese polo regional.

¿Cambios en el Interoceánico?
A diferencia de la investidura de Castro en 2022, a la que asistieron el rey Felipe VI de España, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, la ceremonia presidencial de Asfura ha sido muy austera, aunque con fuerte presencia diplomática proveniente de algunos gobiernos que ya se alistan como sus aliados, como los de Donald Trump, Benjamín Netanyahu y Nayib Bukele.
En la exposición de su proyecto de gobierno, Asfura ha dejado en claro que el saldo de la izquierda en el poder en Honduras no ha sido favorable, dado el aumento de la pobreza, que se coloca por encima del 60 por ciento. La disminución en la recepción de remesas de la emigración hondureña incidió en ese aumento de la pobreza y lo que ofrece Asfura es, con la ayuda de Trump, recuperar el flujo de las remisiones de dinero de los emigrantes.
Asfura ha prometido también aplicar un plan de austeridad que, por lo pronto, contempla el cierre de más de treinta organismos gubernamentales. La reducción de la burocracia va unida en el discurso del nuevo gobierno a una denuncia de la demagogia y la polarización, como rasgos de la administración anterior.
No habló mucho Asfura de su estrategia exterior, pero por sus poderosas alianzas internacionales parece indicar que el nuevo gobierno hondureño abandonará la Alianza Bolivariana y acentuará la distancia con el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua. De completarse ese giro, estaríamos en presencia de otra señal más del deterioro del bloque bolivariano en el Gran Caribe, que se suma al arresto de Maduro en Venezuela, y que probablemente agregue la elección, en febrero o abril, de Laura Fernández, la candidata bukelista de Costa Rica.

