LA VIDA DE LAS EMOCIONES

El mito de Sísifo y el sentido de repetir

Valeria Villa<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

En El mito de Sísifo (Albert Camus,1942) el autor retoma un antiguo mito griego para plantear una de las preguntas más complejas de la filosofía: ¿vale la pena vivir cuando la vida parece absurda? Sísifo fue condenado por los dioses a empujar una enorme piedra cuesta arriba. Justo cuando está a punto de llegar a la cima, la piedra cae y él debe volver a empezar. No hay descanso, no hay final, no hay sentido aparente. Esta condena eterna es una metáfora de la condición humana. Camus parte de la idea del absurdo: el choque entre nuestro deseo de que la vida tenga un sentido claro y la indiferencia del mundo ante ese deseo.

La rutina diaria de levantarse, trabajar, cumplir obligaciones, volver a casa, dormir y repetir, puede sentirse muy parecida al castigo de Sísifo. Hay días en los que todo parece una repetición mecánica, como si nada cambiara realmente. Camus escribe: “El absurdo nace de esta confrontación entre el llamado humano y el silencio irracional del mundo”. No es que la vida sea trágica en sí misma, sino que no responde a nuestras expectativas de significado. Sin embargo, no propone la desesperación ni el abandono. Al contrario, rechaza el suicidio y cualquier forma de escape ilusorio. Su propuesta es vivir el absurdo conscientemente. En el mito, hay un momento clave cuando Sísifo desciende de la montaña para buscar la piedra nuevamente. En ese instante, es consciente de su destino y es ahí donde aparece la posibilidad de la libertad. “Hay que imaginar a Sísifo feliz”, afirma provocadoramente. Este planteamiento puede parecer extraño, pero se vuelve más claro si lo ubicamos en la vida cotidiana. .

Pensemos en alguien que todos los días toma el mismo transporte para ir a un trabajo que no ama, o en quien cuida a otra persona sin reconocimiento, o en quien entrena, estudia o lucha por algo cuyos resultados no son inmediatos o en la clase media mexicana que siempre está a una devaluación de la pobreza. La repetición puede sentirse pesada, incluso inútil, pero también puede convertirse en un acto de afirmación: seguir aquí, seguir empujando, a pesar de que no haya respuestas definitivas para el problema de existir. La disyuntiva entre sentirse esclavos del destino o sentirse libres.

Camus sugiere que el sentido no está en llegar a la cima, sino en el acto mismo de empujar la piedra. “La lucha por llegar a la cumbre basta para llenar un corazón”. Cuando aceptamos que no hay una garantía de recompensa final, cada gesto cotidiano cobra un valor propio. Cocinar, limpiar, trabajar, conversar, volver a intentar, empezar de nuevo: todo eso puede ser absurdo, pero también muy humano.

El mito de Sísifo no es una historia de castigo sino de resistencia. Nos recuerda que, aunque la vida esté hecha de rutinas y repeticiones, podemos elegir cómo vivirlas. Cargar la piedra todos los días no es una derrota ni un destino fatal. Puede ser, si se asume con conciencia, una forma de darle sentido a la vida, no a pesar del absurdo, sino justamente gracias a él. La libertad también consiste en elegir algunas de las piedras que vamos a cargar, que no garantizan felicidad pero sí algo de bienestar y satisfacción.

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Javier Solórzano Zinser. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón