LA VIDA DE LAS EMOCIONES

El club de Jeffrey Epstein

Valeria Villa<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

La publicación de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein han evidenciado la complicidad de políticos, empresarios, celebridades, príncipes y algunas princesas, que sostuvieron vínculos con él aún después de haber estado en la cárcel en 2008, acusado de tráfico sexual de menores. Hombres poderosos e influyentes siguieron cerca de Epstein. Richard Branson, Noam Chomsky, Bill Gates, Steve Bannon, Andrés de Inglaterra, Bill Clinton y Donald Trump.

La lista sigue y sigue. Chomsky dijo en aquel entonces que “había una histeria (una exageración) sobre el abuso de las mujeres”. “Trae a tu harem”, escribió Branson en un mail a Epstein. En la entrevista que la radio pública norteamericana le hizo a Melinda Gates, dijo que la relación que su exesposo mantuvo con Epstein fue uno de los factores determinantes que la llevaron a terminar su matrimonio. “No puedo creer a lo que estas niñas y jóvenes fueron sometidas”, agregó. Los testimonios de algunas de ellas dicen: “Lastimada, herida, obligada, sangrando”.

La trama de esta historia de maldad se compone de impunidad y psicopatía. Cuando Epstein se declara culpable, logra evitar cargos federales y cumple una condena menor de 13 meses en prisión con derecho a salidas. Todos los involucrados en su red de influencia decidieron voltear a otra parte, desestimar las acusaciones, fingir que no sabían lo que pasaba. Lo evidente es la misoginia, la falta de escrúpulos, la psicopatía y la perversión de todos estos personajes, al asociarse con un criminal confeso.

El sello distintivo del psicópata es la falta de conciencia. Su juego es la autogratificación a costa de otra persona. La encuesta nacional de psicopatía del Reino Unido señala al C.E.O como la posición profesional con la proporción más alta de psicópatas.

Si uno quiere saber dónde ha estado el psicópata, hay que buscar la estela de daño. El término más cercano en diagnóstico psiquiátrico es el trastorno de personalidad antisocial. La motivación es el poder, el control y el dominio. El psicópata es un depredador en busca de presas, miente sin escrúpulos, sin ninguna señal visible de ansiedad. No hay moralidad, vergüenza, culpa ni apego, todos necesarios para regular el afecto y contener la conducta antisocial. El apego incide en la capacidad de preocuparse por otros. Hay una grave falla en el sistema de apego de los psicópatas, asociado a abuso infantil y negligencia. En muchos casos el padre o la madre, ha sido un depredador agresivo o un extraño pasivo. El mundo interno está poblado sólo de relaciones depredador-presa.

Hay un mecanismo de omnipotencia en la conducta de Epstein y los miembros de su club, como si se supieran protegidos y más allá de cualquier consecuencia legal. El trato para las niñas es de cosas que se compran, se trafican, se usan, se lastiman y se desechan, sin ninguna consecuencia.

Nunca serán suficientes las víctimas, porque hay en el psicópata una motivación a la maldad, a la destrucción de la inocencia y la bondad. Es un tipo de adicción al poder de la destrucción, aunado a las ganancias económicas y el tráfico de influencias que Epstein coordinaba con los miembros de su club, pederastas atraídos por niñas, con las que está garantizado el poder. Las niñas como objetos no amenazantes para adultos poderosos que se excitan con la transgresión de la ley, la corrupción de lo infantil, la cosificación de lo humano.

El club de Jeffrey Epstein Valeria Villa

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