Pues sí, y pese a las restricciones del Departamento de Transportes de Estados Unidos para vuelos desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles hacia su país, y a pesar de la disminución de los flujos de viajeros nacionales a la Riviera Maya, la terminal al mando del general Isidoro Pastor obtuvo en 2026 un ahorro neto por 762 millones 850 mil 988.31 pesos luego de restarle a su resultado del ejercicio las transferencias y asignaciones fiscales de un mil y 5 millones con 149 mil y 47.07 pesos. Es decir que el AIFA es una entidad que ya “aprendió a volar solita”.
Comparativamente, esa utilidad neta sin subsidios se incrementó respecto a 2024 en 72.76%, es decir, que las actividades aeroportuarias y complementarias por sí mismas arrojaron ingresos que rebasaron los gastos de funcionamiento, asignaciones, subsidios y ayudas sociales, amén de otros gastos (entre ellos la depreciación de activos) y pérdidas extraordinarias.
Así lo confirma el estado de actividades entregado por el AIFA a la Secretaría de la Defensa Nacional a cargo del general Ricardo Trevilla, documento firmado por el gerente de contabilidad, Juan Carlos García, la subdirectora de recursos financieros, Fabiola Sánchez, y el director de administración, Orlando Vázquez.
El reporte también da cuenta de una reducción consistente de los apoyos y subvenciones con recursos fiscales: desde los 1,512.8 millones de pesos en 2024, para reducir en 33.6% en 2025 y quedar los ya mencionados un mil y 5 millones con 149 mil y 47.07 pesos.
En lo que corresponde al eje de negocios catalogado como ingresos por venta de bienes y prestación de servicios, la mejora también fue notable: subieron en 11.5% para sumar 2 mil 875.3 millones de pesos a pesar de las complicaciones mencionadas.
Vaya, aunque se convirtió en un lugar común la creencia de que el AIFA es “pura pérdida” y aeropuerto sin futuro, los hechos muestran una ardua tarea para la generación de ingresos y contención de gastos; cuenta que el polígono aeroportuario ha encontrado su vocación dentro del Valle de México para vuelos de pasajeros, pero también como un creciente polo logístico y de manufactura. Ello no omite los problemas ya conocidos de conectividad terrestre y la complejidad de un reducido espacio aéreo en la zona, pero permite apreciar y calcular los retos en relación a los beneficios que proporciona al desarrollo económico nacional y regional.
Ante un acto de guerra, ¿viene contraataque?. Dada la versión oficial del Gobierno de Estados Unidos de que el cierre del espacio aéreo de El Paso, Texas, respondió al envío de drones de cárteles mexicanos a su territorio (artefactos neutralizados de alguna forma), revela que para el Departamento de Defensa —encabezado por Pete Hegseth— se trató de un acto de guerra perpetrado por un grupo narcoterrorista extranjero sobre su territorio. O sea que no fue sólo un “cierre temporal” como se interpretaron en México los comunicados primero de la Federal Administration Aviation y luego por el Departamento de Transportes que encabeza Sean Duffy, sino el registro puntual de una agresión equiparable a los funestos atentados del 11-S... y que, por tanto, eventualmente, se tomarán represalias contra los atacantes como ya lo ha demostrado una y otra vez la administración de Donald Trump.
La narrativa del “no pasa nada” o “no sabemos nada” no ayuda en absoluto, máxime si se toma en cuenta que los más altos representantes del sistema de seguridad mexicano (el general Trevilla, el almirante Raymundo Morales y el secretario de Seguridad, Omar García) se reunieron en Washington con el Comando Norte y el Homeland Security.
La situación exige al gobierno de México contar con sistemas eficaces de alertas tempranas por ser aliado estratégico de Estados Unidos.
Vaya, el sistema de Zonas de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) estadounidense ubica aeronaves a 100 kilómetros de su frontera que vuelen por debajo de los 60 mil pies de altura; si los artefactos no son identificados, se procede a derribarlos —ya sea con aviones caza F-16, misiles tierra-aire o radiointerferencias— cuando entran a su territorio.
Desafortunadamente, el Centro Nacional de Vigilancia y Protección del Espacio Aéreo carece de información suficiente en extensión y profundidad, pues depende de lo que le nutra el Servicio de Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano: el Seneam, a cargo de Alonso Vega, tiene 33 radares con más de 30 años de antigüedad que a duras penas cubren arriba del 50% del espacio aéreo nacional, amén de un notable desorden laboral, falta de personal y pobre presupuesto. Mucha de la data de vuelos fronterizos los comparte con México el Centro Houston… si quiere, y si no, pues no.
Por tanto, el cierre del espacio aéreo de El Paso, Texas, no es anecdótico y requiere ser entendido y atendido con la mayor seriedad y prontitud.
Hospital General, homenaje a sus 121 años. El aniversario 121 del Hospital General de México “Doctor Eduardo Liceaga” permite apreciar el valor económico de las decisiones a largo plazo en salud pública. La Secretaría de Salud, de David Kershenobich, impulsa en el nosocomio programas que enfrentan padecimientos de alta complejidad y que alivian costos que en el ámbito privado son impagables. Un ejemplo de ello es el programa de implante coclear en pacientes adultos, único dentro del sistema público. En hospitales privados, el dispositivo supera los 500 mil pesos, sin considerar estudios, cirugía, estancia hospitalaria y rehabilitación. Todos ellos, gastos que las aseguradoras suelen evadir. Y de los 300 mil pesos de actualización y refacciones del dispositivo, ni hablar.
Por ello el Hospital General de México es un logro social y de inversión pública bien aplicada por más de una centuria.