PESOS Y CONTRAPESOS

Cinco realidades (3/5)

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Hay cinco realidades, del mundo de la economía, mal entendidas, inclusive por economistas: el mercado, la riqueza, el empresario, el dinero y el capitalismo. Vale la pena explicarlas.

Ya expliqué el mercado (la relación de intercambio entre compradores y vendedores), y la riqueza (los bienes y servicios que satisfacen necesidades). Toca el turno al empresario, que se dedica a producir y ofrecer bienes y servicios, con la intención de maximizar su utilidad, para lo cual debe servir a los consumidores, en términos de precio y/o calidad y/o servicio (trilogía de la competitividad), como los consumidores quieren ser servidos. Los consumidores mandan.

Lo anterior quiere decir que la empresa y el empresario sobreviven hasta que los consumidores quieren, por lo que su reto es que los consumidores compren el producto que ofrecen, lo consuman, queden satisfechos, lo vuelvan a comprar y a consumir, vuelvan a quedar satisfechos, y se lo recomienden a los demás. No hay mejor publicidad que la que hace el consumidor.

La tarea esencial del empresario es inventar, para luego producirlos y ofrecerlos, mejores bienes y servicios, capaces de satisfacer de mejor manera las necesidades y gustos de los consumidores, invención que es la dimensión cualitativa del progreso económico, definido como la capacidad para producir más (dimensión cuantitativa), y mejores (dimensión cualitativa), bienes y servicios para un mayor número de gente (dimensión social), invención que pone en marcha lo que Schumpeter llamó el proceso de destrucción creativa: en el mercado, por el lado de la oferta, lo bueno sustituye a lo malo, lo mejor a lo bueno, y lo excelente a lo bueno, siempre en beneficio del consumidor.

Hay quienes (influencia del marxismo), consideran al empresario el malo de la película. ¿Lo es? Para responder preguntémonos que pasaría si uno de estos días amaneciéramos sin los empresarios y, por lo tanto, con sus empresas cerradas y con la cancelación de la producción de satisfactores. Primeros perjudicados, los trabajadores, que perderían su trabajo. Segundos afectados, los consumidores, que ya no dispondrían de los bienes y servicios producidos por las empresas. Menos producción, menos empleos, menos ingresos, más escasez, menor bienestar. Antieconomía.

Una de las principales críticas que se le hace al empresario es que lo motiva el afán de lucro (producir al costo X para vender al precio X+Y), algo que algunos consideran éticamente reprobable. Si el afán de lucro es éticamente reprobable, ¿lo que debería motivar al empresario sería el afán de pérdida? Si así fuera el primer perjudicado sería el consumidor, porque, si el empresario pierde una y otra vez, más temprano que tarde tendrá que cerrar, que dejar de producir y ofrecer, que dejar de ayudarle al consumidor a satisfacer sus necesidades.

Lo que permite mantener e incrementar la producción de bienes y servicios, en beneficio de los consumidores, son las ganancias del empresario, que aportan el dinero para reparar y reponer lo que haya que reparar y reponer para mantener la producción, y para expandir la capacidad de producción.

¿Es el empresario el malo de la película? ¿Qué pasaría si mañana amaneciéramos sin ellos y sus empresas? ¿Qué pasaría con los trabajadores? ¿Y con los consumidores?

Continuará.

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