Italia es reconocida por poseer una de las culturas más versátiles, bellas y suculentas del mundo. Su tradición fílmica es una de las más celebradas de la historia. Ha fundado una influencia definitiva en el cine universal.
A través de la genialidad de maestros como Vittorio De Sica, Luchino Visconti, Roberto Rossellini, Michelangelo Antonioni y el extraordinario Federico Fellini, Italia ha contribuido al séptimo arte con algunos de los clásicos culminantes de sus 130 años de historia.
Quien podría olvidar la famosa escena en Miseria e nobolitá (1954), de Mario Mattoli, donde una familia pobre come con las manos espagueti con salsa de tomate; la icónica escena de La dolce vita (1960) de Fellini, donde Anita Ekberg bailando adentro de la Fontana de Trevi es rescatada por un confundido Marcello Mastroianni; el desgarrador desenlace de padre e hijo en Ladrones de bicicleta (1948) de De Sica; la narrativa expresada a través de la hipnótica colorimetría de Desierto rojo (1964) de Antonioni, o la larga secuencia de la tortura del líder de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial en Roma, ciudad abierta (1945), de Rossellini.

Otro caso grave de atropellamiento
En las décadas de los años 70 y 80, Bernardo Bertolucci, Ettore Scola y Giuseppe Tornatore fueron algunos de los directores que le dieron un renacimiento popular y crítico, volviendo a cautivar a las audiencias internacionales.
Paolo Sorrentino (Nápoles, 1970). Un autor de innegable sensibilidad y de una franca cualidad para bosquejar personajes e historias que conectan profundamente con nuestras mentes y corazones.
Después del rotundo éxito de La grande bellezza (2013), Sorrentino volvió a abordar uno de los temas que más le apasionan, la crudeza y la singularidad de la nostalgia —el avasallador paso del tiempo, el dominio de la juventud y la cruenta inevitabilidad de la vejez—.
En La juventud (2015), dos de los grandes actores contemporáneos, Michael Caine y Harvey Keitel, interpretan a un par de hombres de la tercera edad que acuden a un elegante hotel en los Alpes Suizos. Fred (Caine) es uno de los conductores de orquesta más famosos del mundo y Mick (Keitel) es un elogiado director de cine que batalla por levantar su último proyecto con la ayuda de un grupo de jóvenes guionistas. Es en este lugar mágico y acogedor donde se enfrentan al pasado, el cual cada vez más se diluye en sus memorias, y al ineludible capítulo final de sus vidas. Acompañados por otras personas que también batallan con sus demonios internos, Mick y Fred intentan darle un sentido a sus vidas y las difíciles decisiones que han tomado, incitando un rastro de conflictos personales que siguen inconclusos.
La juventud de Sorrentino es emblemática de su voz tan particular —conmovedores rasgos de un etéreo drama humano que, a través del soundtrack, la fotografía, el diseño sonoro y el lenguaje de la cámara rompen con nuestras preconcepciones para alcanzar nuestra propia conciencia e invitarnos a reflexionar sobre uno de los conceptos más misteriosos y dolorosos de la experiencia humana... el tiempo.

