El informe trimestral de inflación correspondiente al periodo octubre–diciembre de 2025 de Banxico prevé para 2026-2027 una moderada recuperación del crecimiento económico y un proceso de desinflación más gradual. Para 2026 estima un crecimiento puntual del PIB de 1.6% y de 2.0% para 2027, apoyado en un mayor dinamismo del consumo, aunque con inversión aún débil por la incertidumbre comercial con Estados Unidos.
De acuerdo con el Banco de México, la economía mexicana enfrenta un entorno externo complejo que puede debilitar la demanda externa, frenar la inversión y afectar el desempeño de sectores clave en México, principalmente por la incertidumbre en la política comercial de Estados Unidos —incluida la revisión del T-MEC—, un menor dinamismo de la economía estadounidense, el agravamiento de tensiones geopolíticas, la reconfiguración de cadenas globales de suministro ante mayores aranceles y la persistente volatilidad en los mercados financieros internacionales.
Al cierre de 2025 y comienzos de 2026, la inflación en México muestra un ligero repunte, impulsado principalmente por el componente subyacente y por los impuestos a diversos productos. La inflación general continuó aumentando hasta ubicarse cerca de 3.9% en febrero de 2026. El componente subyacente —que refleja la tendencia de mediano plazo— se ha mostrado más persistente, especialmente en servicios, mientras que el aumento en mercancías responde en parte a cambios en el IEPS, considerados de efecto temporal.

Otra vez con el Mundial
Ante esta dinámica, Banxico ajustó al alza sus previsiones y ahora estima que la inflación convergerá a la meta de 3% hasta el segundo trimestre de 2027, tres trimestres más tarde de lo previsto anteriormente. Aunque se anticipa que la inflación comience a descender a partir del segundo trimestre de 2026, el balance de riesgos mantiene un sesgo al alza, debido a la persistencia de presiones en servicios, posibles depreciaciones cambiarias y choques climáticos, si bien una desaceleración económica mayor podría actuar como contrapeso.
El banco central considera que los efectos del IEPS serán transitorios y confía en que la postura monetaria restrictiva, la holgura económica y la apreciación del peso conducirán a la convergencia hacia la meta de 3% en 2027.
En contraste, la mayoría de los analistas incorporan mayor persistencia inflacionaria y un entorno externo más incierto en sus proyecciones. Para el cierre de 2026, Banxico estima una inflación general de 3.5% y subyacente de 3.4%, mientras que los analistas anticipan niveles más altos (4.0% y 4.1%, respectivamente).
En este contexto, las presiones sobre la inflación subyacente asociadas a los incrementos del salario mínimo, el aumento de aranceles y cuotas compensatorias, los nuevos gravámenes incorporados en la miscelánea fiscal 2026 y la incertidumbre persistente en la relación comercial con Estados Unidos explican el mayor sesgo alcista en las expectativas del consenso.
Por tanto, aun cuando la mayoría de la Junta de Gobierno de Banxico tiene un marcado sesgo a seguir reduciendo la tasa de interés, tiene límites claros que se estrechan con los riesgos inflacionarios derivados de la reciente confrontación bélica en Irán.
Las decisiones futuras, como bien apunta Banxico, estarán condicionadas a la información disponible, con especial atención al anclaje de las expectativas de largo plazo, al comportamiento de la inflación “en el margen” para evaluar la normalización de precios y a la ausencia de efectos de segundo orden, a lo que ahora se suman los riesgos derivados de una abrupta alza en los precios del petróleo.

