LAS BATALLAS

¿Una mini reforma electoral?

Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La iniciativa de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum —que, entre otras cosas, debilita las prerrogativas de los partidos políticos del país— llegó a la Cámara de Diputados con todo en contra: sin los votos garantizados para su aprobación, con un frente opositor firme en su rechazo y un oficialismo simplemente fracturado.

Anoche, la bancada de Morena, que dirige Ricardo Monreal, endureció la negociación “uno a uno” no solo con sus aliados del Partido del Trabajo y del Partido Verde, sino con algunos sectores del PRI y de Movimiento Ciudadano en busca de votos. Han usado las buenas artes de la política, pero también la presión para ganar votos, me aseguran.

Comenzaba a circular en los pasillos del Palacio Legislativo de San Lázaro la idea de que la iniciativa presidencial sufrirá una cirugía mayor a fin de contar con los votos suficientes para su aprobación, lo que se lograría —me aseguran— solo si se retiran dos puntos clave: financiamiento y plurinominales, el corazón de la propuesta, pues.

Y aquí entra a escena la aritmética parlamentaria:

El pleno de San Lázaro está integrado de esta forma: el oficialismo tiene en Morena a 253 diputados (50.6%), en el PVEM a 62 (12.4%) y a 49 legisladores más que son del PT (9.8%), en total 364 votos para aprobar lo que quieran, incluso una nueva Constitución, pues para modificar la Carta Magna son necesarios 334 votos… la 4T los tiene de sobra.

Pero sin los votos de sus aliados, Morena se queda con 253 votos, claro, si están presentes todos los diputados que integran su Grupo Parlamentario. Así que los números, por donde se les vea, no le alcanzan a la presidenta Claudia Sheinbaum para aprobar la reforma electoral compuesta por 11 cambios a la Constitución.

Aun así en Palacio Nacional mantuvieron firme su decisión de enviar la iniciativa, incluso abrieron un impasse para tratar de convencer a sus aliados y lograron que surgieran voces influyentes en el bloque, como la del exgobernador chiapaneco Manuel “El Güero” Velasco, diciendo que apoyaban 95% de la reforma… pero la dirigencia del Partido Verde calló bocas.

Y ante esta realidad, en los pasillos del otro palacio, el de San Lázaro, ya se habla de una “mini reforma” que solo transitaría si no se tocan los espacios plurinominales, la fórmula de financiamiento a los partidos políticos y el esquema de acceso a radio y televisión mediante tiempos oficiales del Estado.

Sí avanzaría el endurecimiento de la fiscalización, la regulación de la inteligencia artificial en campañas y la eliminación del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). La aritmética parlamentaria está a todo vapor, pero no encuentran la fórmula que les dé los votos… a menos que prevalezca la presión.

Y así, cuando una reforma constitucional nace con resistencias en la oposición y en la alianza gobernante, el desenlace suele ser predecible: negociación, recorte… y rediseño. Es decir: una reforma más pequeña de lo anunciado. Además, el propio contenido de la iniciativa apunta en esa dirección.

Y no se tocarán los pilares del sistema electoral mexicano, pues no desaparecerá el INE ni pasará el rediseño del entramado operativo de las autoridades electorales. Así que no será una reforma de gran calado, al menos así se veía anoche con base en los comentarios de legisladores consultados por este columnista. Sería algo más pragmático, más negociable y, claro, mucho más pequeño.

Una mini reforma electoral que permita al gobierno decir que cumplió con su promesa… y a la oposición afirmar que frenó los cambios más radicales. Así funcionan las reformas en México. No en el tamaño del anuncio, sino en el tamaño del acuerdo. Y por ahora, todo indica que si hay un acuerdo será mucho más modesto de lo que buscaba el gobierno. La negociación está en marcha.

RADAR

DEPORTE MOTOR. El polémico legislador morenista Pedro Haces Barba inauguró en el Palacio Legislativo el evento “El Automovilismo como motor de desarrollo deportivo y social”, el cual, contrario a lo que algunos pudieran pensar, tuvo una gran aceptación en San Lázaro.

Acompañado de los pilotos Rubén Ravelo Velázquez, Gerardo Rodríguez Espinoza, Massimiliano Zona y Alejandro Bobadilla, y del ingeniero Andrés Huerta Torres, el legislador subrayó que el automovilismo no solo es pasión por la velocidad, sino que conlleva disciplina, preparación, ingeniería, estrategia y un fuerte trabajo en equipo.

Se trata, me explican, de una decisión del líder sindical para promover este deporte en México. ¿Lo veremos empujando fuerte la Fórmula 1 en el retorno de Checo Pérez? Claro, es pregunta

Temas: