MARCAJE PERSONAL

Los funerales de El Mencho y su contexto

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Los funerales de Pablo Escobar terminaron en un caos ante los miles de personas que acudieron a despedir al jefe del Cártel de Medellín. Muchos eran curiosos, pero otro tanto provenía de los barrios más pobres de la ciudad, donde Escobar invirtió en obras sociales y generó una alta densidad criminal.

Un contraste, el pasar del grito de coronel Hugo Aguilar, “¡Viva Colombia!”, cuando se cercioró de que Escobar estaba muerto por las heridas de bala que recibió cuando huía del Bloque de Búsqueda por los tejados aledaños a la casa en que se escondía, a las muestras de dolor, de franjas de la población, por la partida del capo. Era el 2 de diciembre de 1993.

Ése es el problema para las autoridades, porque no sólo enfrentan a criminales desalmados, sino a símbolos que funcionan como repelente a la acción policial.

Pero también es un asunto de contexto, de nunca olvidar de qué se trata y dónde se encuentran las líneas de defensa de la ley.

Al sepelio y entierro de Nemesio Oseguera, El Mencho, no asistieron multitudes, y eso es una señal de que se está comprendiendo el nivel de desafío que enfrentan la sociedad y sus autoridades ante el empoderamiento del crimen organizado.

Aunque también pudo ser que muchos prefirieran mantenerse a resguardo.

La lucha de facciones por mantener o por alcanzar el control del grupo debieron iniciar desde que se esparció el rumor de la muerte.

La idea de que los narcotraficantes son líderes sociales y hacen trabajo por sus comunidades se ha ido derrumbado en la misma medida en que crecen los delitos de extorsión.

Pero lo que sí hubo fue la muestra del poderío, los cientos de arreglos florales, algunos de ellos con la figura de un gallo, el ataúd dorado y el entorno del líder del CJNG retando y dejando claro que siguen ahí, que las cosas no van a cambiar.

Como al parecer no lo harán en el corto plazo, porque las redes de control y protección no desaparecen con el derrumbe de uno de los jefes, ya que las empresas criminales cuentan con estructuras y relevos que las hacen resistir.

Es justo eso lo que no debe permitirse. Caído el jefe del clan, lo que se requiere es de una acción puntual para desbaratar sus redes de protección y pegar en su financiamiento, ya que, de otro modo, sólo se observará la llegada del relevo, con las altas cuotas de violencia que se generarán en estos casos.

De ahí que también es importante constatar que El Mencho estaba listo para resistirse a su captura, y por ello sus guardaespaldas estaban armados con fusiles SCAR 175, equipados con lanzagranadas y con Barret calibre 50, capaz de destruir blindajes y con un alcance de 1.5 kilómetros.

Fracasó en su huida, porque las Fuerzas Especiales del Ejército se impusieron en una operación planeada con precisión.

Temas: