Mueve a risa escuchar los reclamos socarrones de voceros y legisladores de Morena que critican la oposición, por adelantado, a la iniciativa presidencial de reforma político-electoral que, por fin, está para su discusión, análisis y votación en la Cámara de Diputados.
Sus más fieros polemistas se burlan de los demonios que, a medios y analistas espantaban, como la desaparición del INE, o del PREP o la permisividad de financiamiento ilegal a campañas, inducción del voto, etcétera, cuando eso ni siquiera va dentro de la iniciativa de la Presidenta Sheinbaum.
El motor más potente para la expectativa y la crítica hacia la reforma político-electoral fue: Morena, sus aliados incómodos y una Comisión Presidencial encabezada por Pablo Gómez que hizo a la Presidenta anunciar en falso y tres veces que la reforma ya estaba.

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La incómoda explicación del Ejecutivo tuvo que ser la corrección de redacción, los mecanismos de revisión para que las modificaciones a la Carta Magna en la materia no invadieran ámbitos ajenos, en fin; los controles de calidad técnica de siempre. ¿O sea que la reforma que ya estaba lista hace dos semanas, no había agotado esa ruta? Vaya entrega de tarea la de Pablo Gómez.
Molesta a los tenores de la narrativa transformadora que los adversarios de la voluntad popular encarnada sólo en Morena, vaticinios de naufragio, pero al mismo tiempo minimizan la repercusión del mismo.
O sea, la reforma es vital, pero si no avanza tampoco es para tanto. Si sus beneficiarios y aliados electorales, PT y PVEM, van a la suya contra el objetivo que persigue Sheinbaum por la simple razón que por ese compromiso de campaña es la mandataria más votada en la historia de México, será en todo caso, un desacuerdo, no una ruptura.
La mayoría está dividida. ¡Ya ven! Exclaman los encargados de la promoción cuatroteísta, mentira que un partido pueda mover todo, tan no que acá la coalición gobernante disiente.
Ganar y ganar. Construyen la nota del futuro; si pasa ganan, si no también.
Si convencen, persuaden o iluminan a sus rejegos socios minoritarios, la calidad democrática será otra. Pero si los rebeldes persisten en salvaguardar la pluralidad —y sus rentas—, entonces la calidad democrática ya es presente. Los ahorros podrán buscarse siempre, ésa es la brega eterna de los progresistas de izquierda.
Además, ya hay plan B. Pero cada plan a su tiempo. Primero el que está en el Congreso. Cuando caiga —suponiendo sin conceder—, entonces vendrá otro. Y como la Presidenta Sheinbaum dijo, que el pueblo —memorioso y avispado— premie o castigue a los que decidan cambiar o continuar con un modelo rebasado. O no. Caro o no tanto.
Para nuestros verdes y laboristas que hacen patria con nuestros impuestos, que han sido aliados del PRI, del PAN, del PRD, la absolución ciudadana está garantizada en la siguiente coalición pragmática del partido en el poder, para poder seguir siendo, eso, el partido en el poder.

