Tengo un reloj viejito, de ésos de cuerda, que se adelanta casi un minuto por día. Ayer, que estaba poniéndolo en la hora correcta, me dije, como si fuera un consuelo, que por lo menos se adelantaba y no se atrasaba. Al escucharme a mí mismo, me llamó la atención que pensara que era mejor que un reloj se adelante a que se atrase. ¿Por qué tenía este supuesto? Desde el punto de vista del funcionamiento correcto del mecanismo, es igualmente malo que se atrase o que se adelante. Un buen reloj ni se atrasa ni se adelanta. Quizá la razón de mi prejuicio es que todavía creo que en la vida es mejor llegar antes que llegar después o, si se prefiere, que es peor llegar después que llegar antes.
No obstante, no es claro que esa regla siempre tenga valor. En Inglaterra, templo de la puntualidad, es de tan mala educación llegar antes que después de la hora. Si uno tiene invitados y los citó a las 8, uno se prepara para estar listo a las 8, bien vestido, con la comida lista, con la casa arreglada. Pero si alguien llega a las 7.30, nos arruina el plan, porque estamos obligados a perder tiempo para hacerlo pasar a la casa y atenderlo, aunque sea para decirle que nos espere para acabar de hacer lo que resta.
No obstante, tal parece que existe un prejuicio de que, por lo general, en la vida, es mejor llegar antes que después. Como si se tratara de una competencia de velocidad, se piensa que es mejor llegar primero a la meta. Por ejemplo, que es más admirable alcanzar ciertos logros con menor edad que la mayoría. Ser el primero en acabar los estudios, en encontrar un trabajo, en comprar una casa. Pero ¿de qué sirve todo eso si uno también es el primero en perderlo todo, en enfermar de cáncer y en morirse? Vivir de prisa no siempre es lo preferible. A veces, como dice el refrán, “vale más ir lento pero seguro”. O como dice aquella otra perla de sabiduría mexicana: “no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar”.

¡Así como digo una cosa digo otra!
¿Por qué entonces tenemos la presión de vivir de prisa? ¿Por qué algunos prefieren traer su reloj adelantado como si eso les permitiera anticiparse a los demás?
Sería fácil echarle la culpa al capitalismo —como es la moda entre algunos filósofos—, pero me parece que hay otras causas profundas de esta tendencia. Una de ellas es que, como sabemos que la vida es breve, preferimos vivir de prisa para poder tener más experiencias. Quienes piensan de esta manera consideran que lo que importa no es cuántos años se vive, sino lo que se hizo en esos años. Más vale vivir a las carreras que vivir dormido.

