A mediados del siglo XVI, el imperio de Carlos V era uno de los más grandes que había existido en Europa. Después de muchos años de guerras contra Francia, contra los príncipes protestantes en Alemania y contra el imperio Otomano, Carlos V llegó a la conclusión de abdicar.
Se retiró al Monasterio de Yuste, en Extremadura. Allí intentó llevar una vida apartada, rodeado de consejeros cercanos, libros religiosos y los recuerdos de un reinado que había marcado a Europa. Sin embargo, retirarse físicamente no significó desaparecer políticamente. Desde su encierro, el antiguo emperador siguió escribiendo cartas, enviando observaciones y consejos sobre asuntos de Estado. Opinaba sobre la política del continente, sobre las tensiones religiosas y sobre la administración del vasto imperio que ahora gobernaba su sucesor. Felipe II era formalmente el nuevo rey. Pero gobernaba sabiendo que el anterior monarca seguía siendo una referencia política y moral enorme, un hombre cuya experiencia pesaba en cada decisión.
Algo similar sucede hoy en México. Ese antiguo rey que, según dice, vive en el retiro, le complica las cosas a la Presidenta Claudia Sheinbaum. Su añoranza por el proyecto izquierdista continental que algún día soñó, hoy se convierte en un problema para la Presidenta de México, y esto ocurre justo en el momento en que Estados Unidos tiene la mirada puesta en acabar con el gobierno comunista cubano que encabeza Díaz-Canel y, detrás del cual, todavía habita la sombra de la familia Castro.

Alerta de carpetazo
En el momento en que más presión existe, al expresidente AMLO se le ocurre la grandiosa idea de salir de su supuesto retiro para apoyar a ése, ya casi extinguido gobierno represor, y lo hace muy en contra de lo que, al parecer, ha hecho la Presidenta Sheinbaum para mantener a raya al gobierno estadounidense, cediendo en algunas cosas, para cerrarle el paso a otras.
“Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba. A quienes piensan que se trata de un pleito ajeno, les recuerdo lo que dijo el general Cárdenas cuando fue la invasión de Playa Girón: ‘No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra’. En consecuencia, invito a que todos depositemos en la cuenta… de la asociación civil Humanidad con América Latina, abierta por ciudadanos, escritores y periodistas para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar al pueblo cubano. ¡Que cada quien aporte lo que pueda!”, escribió el exmandatario.
Tras este mensaje, a la Presidenta le tocó hacer de tripas corazón y sumarse al llamado a colaborar con el gobierno cubano.
Para prueba de que esto no es cosa menor, el embajador de Estados Unidos en México, el halcón Ronald Johnson, dijo en X: “Parafraseando al secretario de Estado, Marco Rubio, la mejor forma de ayudar al pueblo cubano es empoderándolo. No al régimen que los ha oprimido durante décadas”.
Esto también se da en medio de los amagos norteamericanos por intervenir en territorio nacional, usando el tema del narcoterrorismo como coartada. Si esto no se entiende como un AMLO contra Claudia, no sé cómo describirlo.
Por lo pronto, ese ego desmedido del expresidente y su añoranza por el pasado, tienen en vilo el futuro de miles de mexicanos.
Felipe II tenía la corona, pero la sombra de Carlos V seguía sentada en la mesa del consejo, complicándole las cosas al nuevo rey. En México, hoy también hay una Presidenta que tiene la banda presidencial, pero detrás de ella sigue proyectándose la sombra de quien gobernó antes, y la verdadera pregunta es: ¿cuánto tiempo puede gobernarse un país, cuando el pasado insiste en sentarse a la mesa del presente?
Reenviado.
“Trump advirtió a Cuba que ‘haga un trato antes de que sea demasiado tarde’ planteando una posible ‘toma de control amistosa’. A lo que el presidente cubano dijo: “Hay factores internacionales que han facilitado estas conversaciones”.
Mientras todos caminan en una dirección, AMLO camina en sentido contrario.
