VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Cómo ayudar al pueblo de Cuba

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

En los últimos días, el expresidente Andrés Manuel López Obrador y la Presidenta Claudia Sheinbaum han llamado nuevamente a la solidaridad con el pueblo de Cuba. Tanto en la emisión como en la recepción de esos mensajes, rápidamente agradecidos por el presidente Miguel Díaz-Canel, ha quedado claro que el principal destinatario de la ayuda es el gobierno de la isla.

La confusión parte del dogma oficial, compartido por ambos gobiernos, el mexicano y el cubano, de que en los dos países gobierna el pueblo. La confusión se sustenta a la vez en una vieja doctrina y práctica de la solidaridad con Cuba, que parte de la idea de que como la isla es víctima del bloqueo de Estados Unidos, su gobierno y su sistema de estatalización económica y partido comunista único, también deben ser defendidos por la izquierda latinoamericana.

El problema con esa doctrina de la solidaridad, que se pone en práctica por medio de organizaciones en todas las embajadas de Cuba en América Latina, es que distorsiona el hecho de que el modelo vigente también es responsable del colapso de la isla. En el último cuarto de siglo, el gobierno cubano ha desarrollado una política económica basada en el subsidio petrolero venezolano y el turismo, y las remesas de la diáspora como fuentes fundamentales de ingreso, que ha descapitalizado al país.

Ese modelo improductivo, y no sólo el embargo comercial de Estados Unidos, es causa del aumento de la pobreza y la desigualdad, de la emigración juvenil y la caída demográfica, del descontento popular y las protestas recurrentes, que la prensa oficial mexicana oculta. Por tanto, no se ayuda realmente al pueblo de Cuba con una política hacia la isla dirigida a reproducir dicho modelo.

Verdadera ayuda al pueblo cubano sería una política encaminada a alentar reformas que recapitalicen al país y que permitan la apertura de libertades públicas. Si se iniciara un proceso de apertura en la isla, el papel de México podría ser protagónico por la cercanía geográfica entre los dos países. Si esa apertura cuenta con apoyo de Estados Unidos, con más razón México podría involucrarse por medio de una oferta de créditos e inversiones y profundización de la colaboración científica y técnica.

La política hacia la isla de los dos últimos gobiernos mexicanos no sólo no ha contribuido a dicha apertura, sino que ha favorecido la persistencia del agotado modelo insular. Al recurrir al mismo sistema de subsidio energético del chavismo y el madurismo, los gobiernos de Morena y la 4T se han alineado con el inmovilismo del gobierno cubano. Para diferenciarse de la estrategia de las sanciones estadounidenses, se plegaron a la línea oficial cubana.

Ahora que comienza una nueva negociación entre Estados Unidos y Cuba, tal vez sea esta la ocasión propicia para que México, que en estos momentos renueva su acuerdo comercial con Washington, matice su enfoque hacia la isla y se sume a la persuasión a favor de una apertura económica y política.

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