Han pasado ya más de siete años desde que el actual régimen decidió desmontar el anterior sistema de salud pública —apoyándose en la frase pegajosa pero inútil, de “el Seguro Popular ni es seguro ni es popular” propalada por Andrés Manuel López Obrador— y no ha podido articular un sistema de abasto y suministro de medicamentos e insumos de la salud semejante a la eficiencia del anterior “sistema neoliberal”… y todos los datos indican que no lo podrá hacer en la megalicitación consolidada 2027-2028 pues, de entrada, el concurso orquestado por Birmex, que lleva Carlos Ulloa, limitó la participación de empresas internacionales, incluyendo las de Estados Unidos y Europa.
Vaya: la convocatoria presentada el pasado viernes 13 de marzo restringió el concurso de mil 110 tipos de medicamentos a sólo los titulares de registros sanitarios y distribuidores, ya con tales registros emitidos por la Comisión Federal de Prevención de Riesgos Sanitarios (Cofepris), haciendo a un lado a los registros en proceso y suprimiendo de golpe a las importaciones de los distribuidores en libre competencia (y que han sido pieza clave para reducir los costos para el sector público de salud).
Sin manifestarlo abiertamente, Birmex limitó la megalicitación para sólo las empresas instaladas en territorio nacional (mexicanas y extranjeras), cancelando a la callada el acuerdo de apertura para garantizar el abasto gubernamental publicado el 20 de marzo del 2025 en el Diario Oficial de la Federación.

Alerta de carpetazo
Tal acto fue un desconocimiento total a las conversaciones formales e informales sostenidas hasta principios de la semana pasada entre funcionarios públicos con laboratorios y distribuidores; ahí que se aseguró que la subasta inversa sería bajo tratados comerciales internacionales. La confianza se mandó al garete bajo la ilusión que cerrar la competencia —como fue México antes del TLCAN— “estimulará a las empresas e inversión local”, pero desconociendo que este neoproteccionismo amenaza con desatar nuevos episodios de desabasto expansivo…, en especial para el IMSS-Bienestar, que dirige Alejandro Svarch, dado que bajo la noción de suministro “mexicano” los precios en subasta inversa serán severamente castigados para medicamentos genéricos, infecciosos y oncológicos.
Pero antes, hipertensión para el T-MEC. La faceta neoproteccionista en medicamentos surge cuando inicia la ríspida renegociación del acuerdo comercial con Estados Unidos, donde la representación comercial de ese país, la USTR a cargo de Jamieson Greer, advierte que la tardanza y bloqueo a registros sanitarios emitidos por la Cofepris —que ahora dirige Víctor Hugo Borja— son unas de las barreras comerciales que el Gobierno de Claudia Sheinbaum debe comprometerse a remover (además de atajar robos de patentes y falsificaciones) a fin de pactar un nuevo acuerdo con bajos o nulos aranceles.
Y como las barreras establecidas a la megacompra son de índole no arancelaria, la situación se puede convertir en una de la más severas presiones que enfrente el equipo de Marcelo Ebrard ante el equipo de Howard Lutnick al renegociar los capítulos de compras públicas y trato nacional.
La situación ya era complicada… y ahora más.
Por si faltaba algo: distribución e inversión. Una de las brillantes ideas con que arrancó el sexenio pasado fue “separar” los precios de los insumos de salud de la logística de almacenamiento, transporte y distribución. Así lo estableció la entonces oficial mayor de Hacienda. El desastre quedó a la vista de todos, incluso del anterior gobierno.
A principios del actual gobierno la promesa fue redefinir de manera competitiva esas compras públicas. Ello no sucedió en 2025 (la megalicitación fracasó estruendosamente) y ahora van por la misma ruta: cargar a un precio reducido la entrega de 10 piezas en la clínica de omeprazol (por ejemplo, en Calle del Pujido s/n, Ranchería Peñitas, Valparaíso, Zacatecas), hace prever que serán muchos los fallos declarados desiertos: ninguna empresa (y menos sí le deben todavía millones de pesos por las compras del Insabi) arriesgará recursos en una operación que sabe que perderá más dinero.
En tanto que la nueva inversión privada en materia farmacéutica, esa que busca captar el Plan México, podría quedarse en buenos propósitos dado el neoproteccionismo aplicado por Birmex y las barreras regulatorias —un registro sanitario puede demorar de dos a tres años antes de que una empresa pueda vender sus productos en México— que aplica Cofepris.
A ver qué pasa.
Grupo Salinas, 120 años. Como toda gran empresa, empezó con el empuje de un emprendedor a principios del siglo pasado cuando Benjamín Ricardo Salinas Westrup y su cuñado, Joel Rocha, iniciaron el negocio de construcción de muebles y camas; luego de la azarosa época de la revolución y sus crisis, 45 años después, en un primer salto hacia lo grande, don Hugo Salinas Price funda Elektra…, una red de enseres domésticos, electrónicos y electrodomésticos que abrió la primera gran ruta al crédito en bienes duraderos a la población no bancarizada y con menores recursos.
Hoy, con 2 mil 617 puntos de venta, Elektra es un pilar en generar calidad de vida a millones de familias a partir de la confianza y constancia. La formación de Grupo Salinas por parte de Ricardo Salinas Pliego dio paso a una de las agrupaciones empresariales y de soluciones más grande de México y América Latina: TV Azteca, Totalplay, Upax, Italika, Banco Azteca, Afore Azteca, Fundación Salinas y la Universidad de la Libertad son un testimonio vivo que permite creer que, más allá de los vaivienes políticos, de crisis económicas y cambios mundiales, es posible construir un México libre mejor al que hoy vivimos.

