En Ormuz se libra una batalla histórica que definirá a EU y configurará el nuevo orden mundial. El tiempo y los recursos de la guerra de ambos bandos (EU e Israel contra Irán) juegan su valor estratégico.
Discursos, reuniones, drones, misiles, buques, aeronaves, ejércitos y mercados impactan lo militar, comercial, energético, alimentario y diversas cadenas de suministro en muchos países. Con el bloqueo se detiene el paso del 20 por ciento del petróleo del mundo, generando incertidumbre, crisis e inflación.
Hoy el ombligo mundial está en Ormuz, no en Washington, Pekín o Moscú, en su estrecho se han conjugado, como un gran acontecimiento, la guerra en Irán, la de Rusia contra Ucrania, la de Israel contra Hamas, la guerra comercial de EU con China y la intervención en Venezuela y Cuba. Hay grandes resonancias en estos espacios, vigilantes testigos de hazañas y tragedias.

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La guerra en Ormuz muestra en inteligencia, seguridad y defensa, una complejidad geopolítica multidimensional, tecnológica y comercial, donde el petróleo juega un papel central; rigen la religión y violencia como basamento de un poder militar que enfrenta Occidente con Medio Oriente. Observamos el poder aéreo, terrestre y marítimo de los contendientes, el peso de las alianzas, las recriminaciones y amenazas, las demandas y respuestas, ataques cruentos, en donde se arriesga la paz mundial.
Actualmente convergen, con gran espectacularidad en Ormuz, ejércitos y operaciones diversos, el poder marítimo y naval compiten con grandes capacidades de escaladas militares. El mar ha sido un dispositivo cuyo control ha definido el balance histórico entre diferentes potencias mundiales; representa no sólo uno de los medios por los cuales se ha fortalecido el poder de los Estados, también otorga el contexto de potenciales desarrollos futuros.
Es la hora de repensar la obra de Alfred Thayer Mahan, The Influence of Sea Power upon History, 1660-1783, publicada en 1890, donde considera los factores del dominio naval británico en el siglo XVIII, de donde derivaron sus propuestas ejecutadas en la guerra naval durante la I Guerra Mundial.
Mahan construyó el concepto de poder marítimo, con el paradigma económico, donde el comercio internacional que transitaba por los océanos del mundo era el mayor motor de la riqueza nacional. Así, el poder marítimo regula el acceso a bienes comunes y los flujos comerciales transoceánicos. Una nación con poder marítimo protegería su propio comercio y el de sus aliados, también negaría el acceso de bienes a sus enemigos y competidores. Analizó la creciente dependencia de las economías nacionales del acceso ininterrumpido al sistema comercial mundial interconectado. Delimitó un mundo multipolar, donde la potencia hegemónica enfrenta a nuevos rivales, ubicó la confusión e incertidumbre por los cambios tecnológicos y sociales.
Así, hoy en Ormuz, el conflicto muestra la creciente competencia entre las potencias y aliados. La geografía del poder marítimo es una lucha dinámica y continua por el control de bienes existentes en las aguas cercanas y las lejanas; la guerra contribuye a la comprensión de la política mundial. Los conflictos marítimos desencadenan más conflictos y guerras.

