En la página institucional sobre la historia del ITAM se lee: “El Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), antes Instituto Tecnológico de México (ITM), fue fundado el 29 de marzo de 1946 por la Asociación Mexicana de Cultura que reunía a un destacado grupo de banqueros, industriales y comerciantes, liderados por don Raúl Baillères con el propósito de hacer de la educación superior el motor del cambio industrial y económico de México”. Así pues, el ITAM cumplirá 80 años el próximo domingo.
Junto con otras universidades y centros de docencia e investigación que se fundaron en la misma época, el ITAM fue creado con el propósito de contribuir al desarrollo del país en una época en la que coincidían el inicio del ciclo postrevolucionario y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un periodo crucial para consolidar la modernidad del país e ir cimentando un periodo de predictibilidad, institucionalidad y desarrollo sostenido.
La institución fue creciendo, siempre con una visión muy clara de su identidad y de su oferta académica. A las primeras licenciaturas —Economía, Administración y Contaduría— se fueron sumando otras —ingenierías, Finanzas, ciencias exactas y ciencias sociales (Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales)—, así como estudios de posgrado y cursos de extensión universitaria; de esta manera, se fue dando una expansión controlada de la institución hasta llegar, signo de los tiempos, a la apertura de los últimos programas de licenciatura: Ciencia de Datos e Ingeniería en Inteligencia Artificial.

Señalados
Así, en la actualidad, el ITAM ofrece 16 carreras estratégicamente planeadas y sostenidas, con planes de estudio constantemente actualizados. Algo que ha sido una fortaleza en los programas del ITAM es la incorporación a los cursos técnicos que corresponden a cada carrera de un grupo de materias de humanidades (denominadas Estudios Generales), que contribuyen a otorgar una formación integral al estudiantado.
Como es lógico, el ITAM ha atravesado distintos ciclos desde su fundación. Marta Eugenia García Ugarte ha realizado un espléndido estudio histórico de la institución en sus primeros 70 años. En Tiempo y memoria. Historia del ITAM (1946-2016), la autora dio cuenta, a través de 8 capítulos y cuatro tomos, de la expansión de la institución (fundación, consolidación y modernización). Desde luego, es necesaria la continuación de esa historia institucional, ya que al cortar cronológicamente la obra de García Ugarte en 2016, falta el análisis de la última década, por demás interesante y desafiante, ya que al menos, entre otros retos —compartidos con todas las instituciones de enseñanza superior—, se cuentan el fenómeno universal de la pandemia, la forma en que se tuvo que implementar la educación a distancia y los efectos de la irrupción de la inteligencia artificial en la educación. E internamente, como faros que definen a la institución, a la excelencia académica que ha caracterizado a la institución desde su origen, hay que añadir, con la misma importancia, la excelencia humana.
A lo largo de las últimas ocho décadas, el ITAM ha sido una institución fundamental en la formación de profesionales que han tenido importantísimas responsabilidades en distintos ámbitos (público, privado, social, académico e internacional), y que han realizado significativas contribuciones. La fortaleza de la institución reside en la riqueza de su comunidad, integrada por el estudiantado, la facultad, el personal administrativo y los exalumnos. Bajo el liderazgo del rector Arturo Fernández, celebramos los primeros ochenta años de nuestra institución. Con el orgullo de todo lo construido a lo largo de nuestra historia y con la mirada puesta en el futuro para recrear la misión de “contribuir a la formación integral de la persona humana y al desarrollo de una sociedad más libre, más justa y más próspera”.

