Durante muchos años, incluso siglos, en Inglaterra existían tierras que no le pertenecían a nadie porque les pertenecían a todos. Eran los llamados commons o campos abiertos, donde los campesinos podían pastorear, sembrar o, simplemente, habitar si era su deseo.
Era un bien común, hasta que alguien decidió poner cercas. Entre los siglos XVIII y XIX comenzó el proceso conocido como los enclosures, mediante el cual, lo que antes era de uso común, empezó a dividirse, privatizarse y asignarse a unos cuantos.
Legalmente todo estaba en orden: había decretos, títulos y firmas, nadie estaba robando nada en papel, pero en la práctica, miles de personas quedaron fuera. El recurso seguía existiendo, es decir, la tierra, pero lo único que cambió fue quién tenía derecho a usarla. Los campesinos, que durante generaciones habían vivido de esos espacios, de un día para otro se encontraron del otro lado de la cerca, todo porque alguien decidió que ya no era suyo. Y así nació una de las formas más silenciosas de abuso de poder, no quitar algo, sino convertirlo en un privilegio para unos cuantos.

Señalados
Un caso similar fue el que se expuso en la pasada conferencia matutina de la Presidenta Claudia Sheinbaum, por parte de Efraín Morales López, director general de Conagua, referente al tema de las concesiones del agua en distintas partes del país. Entre todas las concesiones que detalló destacan las que existen en el estado de Querétaro en manos de la familia del exgobernador José Calzada Rovirosa. Y es que, el abuso de estas cinco concesiones, acapara poco más de 628 mil metros cúbicos de agua para un supuesto uso agrícola, pero que en realidad son desviados para venderla en pipas; y no conforme con el cinismo de eso, también se aprovecha para nutrir un campo de polo.
No es un tema menor, porque se trata de quien fuera secretario de Agricultura en el gobierno del entonces presidente Peña Nieto, es decir, que si le escarban más, nos podremos dar cuenta de que utilizó su influencia como funcionario y, por ende, su relación de cercanía con el poder para obtener o mantener estas concesiones. Es decir, mientras un pequeñísimo y selecto grupo de personas abusa para lucrar con uno de los recursos más preciados de la vida humana, la gran mayoría, que no es más que el pueblo de a pie, sufre escasez, ya no solamente para subsistir, sino también para la vida diaria, en cosas tan importantes como el aseo personal y otras necesidades.
Lo relevante aquí no es sólo la denuncia en sí, sino todo lo que implica. Efraín Morales no estaría exponiendo este tipo de intereses si no tuviera el respaldo desde el más alto nivel del Gobierno, o sea, de la propia Presidenta Sheinbaum, a quien, por cierto, conoce y ha sido su aliado desde hace muchos años. Señalar a políticos y empresarios con un gran nivel de poder no es una decisión casual, es una decisión que requiere condiciones, y la actuación de Conagua las tiene.
Esto también deja ver una cosa más, y es que, cuando hay funcionarios que entienden su papel y actúan sin titubeos, cosas buenas pasan. Éste no es un tema de protagonismo, es un tema de acción. Se está haciendo lo que le corresponde en un contexto donde no todos se atreven a hacerlo.
Aquí vemos un claro ejemplo que, como pasó en Inglaterra en los siglos anteriores, unos poquitos acapararon los recursos de la inmensa mayoría. El problema no fue la escasez, el problema fue quién puso la cerca o, en este caso, quién se apropió del agua de los mexicanos.
Reenviado.
”Igualdad de derechos para todos, privilegios para nadie.”
-Thomas Jefferson

