VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Medio siglo del último golpe

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El 24 de marzo de 1976 la presidenta de Argentina, María Estela Perón, fue montada en un helicóptero, de madrugada, e informada de que las fuerzas armadas se habían hecho cargo del gobierno y la mandataria estaba destituida. Se iniciaba así la última de las dictaduras militares de la historia moderna argentina y, también, el régimen antidemocrático que dotaría a los otros de la región (el brasileño, el uruguayo y el chileno) de una mayor cohesión geopolítica.

Un libro reciente de Carlos Malamud, Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983). Sur, paredón y después (Madrid, Catarata, 2026), cuenta cómo el régimen argentino acabó por perfilar un golpismo latinoamericano de la Guerra Fría, comprometido con la puesta en práctica de una doctrina de la seguridad nacional frente a la amenaza comunista.

Malamud recorre con agilidad las diversas fases de la Junta militar gobernante, entre el golpe contra Isabelita Perón y la guerra de las Malvinas. Recrea el ejercicio de un poder de facto que pasa de mano en mano entre Videla, Massera, Agosti y, finalmente, Viola. Pero el libro documenta muy bien la forma en que la sociedad civil argentina, la Iglesia católica, los grupos defensores de derechos humanos y, sobre todo, las madres y abuelas de la Plaza de Mayo se movilizaron contra la represión.

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Es de especial interés la forma en que Malamud reconstruye el papel de la OEA y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en los periodos de las administraciones de Jimmy Carter y Ronald Reagan. En ambos, pero sobre todo en la segunda, la ejecución, encarcelamiento y desaparición de decenas de miles de jóvenes fueron justificados con los criterios de un estado de excepción.

La CIDH, como sugiere Malamud, debió liberarse de la presión de Washington y desafiar a los organismos regionales de la Guerra Fría por medio de una cuantificación inicial de las víctimas del terrorismo de Estado. La posición del organismo fue fundamental para aislar, dentro de la OEA, a las corrientes que subordinaban los atropellos de las libertades civiles en la causa anticomunista.

El desenlace de la dictadura argentina y, en buena medida, de todo el autoritarismo anticomunista del Cono Sur, en la Guerra Fría, pasó por el paradójico capítulo final del conflicto por las Malvinas. Margaret Thatcher y Gran Bretaña, portavoces de las políticas neoliberales emprendidas por los propios militares argentinos, acabarían dando el golpe de gracia a la dictadura, imponiendo su control sobre las islas.

La derrota frente a Gran Bretaña desmoralizó a la dictadura, que, con ayuda de Cuba y otros aliados inesperados, intentó revestirse de patriotismo en su enfrentamiento a Londres. La transición se precipitó con la elección del líder de la Acción Cívica Radical, Raúl Alfonsín, en 1983, pero quedó pendiente el enorme reclamo de memoria, justicia y verdad, cuyo peso ha debido sobrellevar sobre sus hombros la nación argentina desde entonces.

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