“Nos falta crecer”, reconoció la Presidenta Sheinbaum. Qué bueno que lo hizo, por todo lo que depende del crecimiento de la economía, que se mide por la producción de bienes y servicios para el consumo final. De ella depende la creación de empleos (para producir alguien debe trabajar), la generación de ingresos (a quien trabaja se le paga), empleos e ingresos que son condiciones del bienestar, que es el fin de la economía: que la gente viva bien, que viva mejor.
Ello, como lo escribí en el anterior Pesos y Contrapesos, para un gobierno que ha hecho del término bienestar su marca, debe ser importante. ¿Qué hay que hacer para que la economía crezca más? Lo he escrito docenas de veces. Va de nuevo.
El crecimiento de la economía se mide por la producción de bienes y servicio para el consumo final. ¿De qué depende esa producción? De las inversiones directas, que son las que los empresarios realizan, precisamente, para producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos, condiciones del bienestar. ¿De qué dependen esas inversiones? De la confianza de los empresarios para invertir directamente y abrir negocios y/o hacer crecer los que ya operan. ¿De qué depende esa confianza? De una serie de factores que van, desde la infraestructura de comunicaciones y transportes, pasando por la provisión de energía y agua, hasta el Estado de derecho, que defino como el gobierno de las leyes justas, siendo tales las que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos, en este caso de los empresarios, a la libertad individual para producir, ofrecer y vender, y a la propiedad privada de los medios de producción necesarios para poder hacerlo. ¿Cómo andamos en México en estas materias?

Señalados
Según el Proyecto de Justicia Mundial, en materia de Estado de derecho, en 2018, antes del inicio de la 4T, la calificación de México fue 4.6/10 y su lugar el 113 entre 92 países (91 países, el 80.53%, estuvieron mejor). En 2025, al inicio del segundo piso de la 4T, la calificación fue 4.0/10 y su lugar el 121 entre 143 naciones (120 naciones, el 83.92%, estuvieron mejor). Deterioro del Estado de derecho.
En escala de cero a 100, según el Indicador de Confianza Empresarial, del Inegi, la confianza de los empresarios, para invertir directamente, fue 37.0 en 2018, 34.8 en 2019, 20.3 en 2020, 29.3 en 2021, 32.8 en 2022, 41.0 en 2023, 38.4 en 2024, 30.6 en 2025. Dos años de menor confianza.
Sumamos 16 meses, de septiembre de 2024 a diciembre de 2025, de crecimiento negativo de la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, parte esencial de las inversiones directas, 5.60% en promedio mensual. Alarmante.
En 2018 la economía creció 2.0%. En 2019, menos 0.4%. En 2020, menos 8.55%. En 2021, 7.00%. En 2022, 3.73%. En 2023, 3.15%. En 2024, 1.13%. En 2025, 0.78%. Tres años de menor crecimiento. Preocupante.
“Nos falta crecer”, reconoció la Presidenta Sheinbaum. La pregunta es si está dispuesta a hacer, todo lo que debe hacerse, para lograrlo. ¿Y qué es lo que, en esencia, debe hacerse? Dar un giro de 180 grados y abandonar el proyecto de concentración de poder, en manos del Ejecutivo federal, esencia de la 4T, algo que, al menos en el corto plazo, no sucederá.
¿Cuál es la única opción? El capitalismo de compadres, del que escribiré mañana.

