BAJO SOSPECHA

“La Colección Gelman tiene enorme valor cultural; es privada, no pública”

› El artista Sergio Vela explica que, a pesar de que algunas piezas están declaradas como monumento histórico, pueden venderse porque son particulares; hay restricciones de ellas, como la salida del país, señala

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La Colección Gelman es una de las más importantes del arte moderno mexicano. Fue creada por Jacques y Natasha Gelman, quienes reunieron, entre los años cuarenta y noventa, obras clave de artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera. Se trata de una colección privada, un acervo fundamental por su valor artístico e histórico.

Sin embargo, tras un litigio entre particulares, hoy se ha convertido en tema de discusión pública, donde muchos opinan sobre su destino y relevancia. Esta semana platicamos con Sergio Vela, director y diseñador de ópera, promotor artístico, músico y académico mexicano, para entender qué es lo que está pasando en torno a esta colección.

Relatos modernos de Frida Kahlo y Diego Rivera.
Relatos modernos de Frida Kahlo y Diego Rivera. ı Foto: Especial

Bibiana Belsasso (BB): ¿Qué es la Colección Gelman y por qué es tan importante?

Sergio Vela (SV): La Colección Gelman es uno de los acervos privados más importantes de arte moderno mexicano. Fue formada por Jacques y Natasha Gelman. Él, productor de cine, especialmente de películas de Cantinflas, lo que les permitió acumular una gran fortuna. Con esos recursos construyeron una colección extraordinaria que incluye obras de Frida Kahlo, Diego Rivera, Siqueiros, Orozco, entre otros. Es una colección de enorme valor cultural, pero es fundamental entender que es propiedad privada, no pública.

BB: ¿Hay más de una Colección Gelman?

SV: Sí, y eso es clave. Existe una rama internacional que está resguardada en el Museo Metropolitano de Nueva York y que no está en polémica. La controversia actual se centra en la colección mexicana, que por la relevancia de sus obras ha generado preocupación pública. Hay un testamento de Natasha Gelman en el que Robert Littman aparece como heredero y albacea. Él vende la colección y la adquiere la familia Zambrano. A partir de ahí, hay acuerdos con la Fundación Santander. Todo esto ocurre entre particulares. El problema es que ha habido poca claridad en la comunicación y eso ha abierto la puerta a versiones sin sustento.

BB: ¿Es un litigio entre particulares?

SV: Exactamente. Es una disputa entre privados. Y eso es muy importante, porque jurídicamente no estamos frente a un bien público, sino a un bien privado. El Estado no puede intervenir más allá de lo que la ley le permite.

BB: Hablamos de obras de Frida Kahlo o Diego Rivera. ¿No son patrimonio nacional?

SV: Aquí hay una confusión muy común. Algunas obras de ciertos artistas están declaradas como monumento artístico bajo la Ley Federal de 1972. Eso incluye a Rivera, Kahlo, Orozco, Siqueiros, entre otros. Pero eso no significa que dejen de ser propiedad privada. Lo único que implica es que tienen restricciones, principalmente en su exportación.

El artista Sergio Vela
El artista Sergio Vela ı Foto: Especial

BB: ¿Qué tipo de restricciones?

SV: No pueden salir del país de manera definitiva. Sólo pueden exportarse temporalmente con autorización del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Es una medida para evitar que el país pierda obras relevantes.

BB: Entonces, ¿sí se pueden vender?

SV: Sí, absolutamente. Se pueden comprar y vender como cualquier bien privado. El tema es que, si están en México, no pueden salir sin autorización. Pero si una obra está en el extranjero, México no tiene jurisdicción sobre ella.

BB: ¿Esto devalúa las obras?

SV: Puede afectar su movilidad en el mercado internacional, pero eso ocurre en muchos países. Italia, por ejemplo, tiene restricciones similares. Y hay casos muy claros en México: Rufino Tamayo y su esposa, Olga Tamayo, se opusieron firmemente a que su obra fuera declarada monumento artístico, precisamente porque consideraban que eso limitaría su circulación y su valor en el mercado internacional. Por eso, a diferencia de otros grandes pintores mexicanos, su obra no tiene esa restricción.

BB: ¿Por qué ha generado tanto ruido?

SV: Por dos razones: la relevancia de los artistas y la concentración de obras. En la Colección Gelman hay una proporción muy alta de piezas de Frida Kahlo, por ejemplo. Eso genera temor de que estas obras desaparezcan del acceso público en México. Pero ese temor no necesariamente corresponde a la realidad jurídica.

BB: ¿El Gobierno debería intervenir?

SV: Sólo en lo que le corresponde. El único órgano que tiene competencia técnica es el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Su función es verificar que se cumpla la ley: autorizar o no la salida de las obras y garantizar su preservación. Pero no puede intervenir en la propiedad ni en las decisiones comerciales.

BB: Hay declaraciones políticas del tema.

SV: Ése es precisamente el problema. Se ha politizado un asunto que es técnico y jurídico. Y, además, se ha hablado sin información completa. Nadie, ni los propietarios, ni la fundación, ni las autoridades, ha comunicado con claridad.

BB: ¿Qué es lo más grave de especular?

SV: Que se opina sin fundamento. Se cuestiona, por ejemplo, si Littman era heredero legítimo. Pero quien afirma eso debe probarlo. No se puede demostrar un hecho negativo. Si hubo irregularidades, deben acreditarse jurídicamente. No basta con decirlo.

BB: ¿Qué papel juega la ley en todo esto?

SV: La ley establece claramente que las obras pueden ser privadas, pero con ciertas restricciones si son monumento artístico. El problema es que es una legislación con deficiencias técnicas y genera interpretaciones confusas. Aun así, no elimina el derecho de propiedad.

BB: ¿Qué se debería hacer entonces?

SV: Primero, informar con claridad. Las partes involucradas deben explicar qué están haciendo: si habrá exportaciones temporales, si habrá ventas, bajo qué condiciones. Segundo, respetar el marco legal existente. Y, tercero, evitar la politización.

BB: ¿Y desde el patrimonio cultural?

SV: Es deseable que estas obras se exhiban y estén accesibles al público. Pero eso no es una obligación legal. Es una aspiración cultural. No podemos obligar a un propietario privado a exhibir su colección.

BB: Hoy hay una exposición de la colección. ¿Eso cambia algo?

SV: Es positivo, sin duda. Permite que el público acceda a obras extraordinarias. Pero no cambia la naturaleza jurídica de la colección: sigue siendo privada.

BB: ¿Cuál es el fondo del problema?

SV: Que se ha mezclado el valor cultural con el jurídico. La colección es importantísima para México, pero eso no la convierte en propiedad pública. Y al mismo tiempo, hay una falta de comunicación que ha alimentado rumores y posiciones sin sustento.

BB: ¿Qué debemos tener claro?

SV: Que estamos ante un acervo privado de enorme valor, pero que se rige por reglas claras. El Estado sólo puede intervenir en lo que le compete: proteger, no apropiarse. Y que el debate no debe basarse en suposiciones.

--- “Quien afirma está obligado a probar. No se puede demostrar un hecho negativo; por lo tanto, no se puede afirmar sin pruebas que alguien no tenía derecho a ser heredero. Si existe una falsificación de testamento, que se demuestre; entonces, estaríamos en otra discusión.

“Lo que sí es claro es que mucho de lo que se ha dicho se ha hecho sin fundamento o de manera tergiversada, olvidando una realidad esencial: se trata de una colección privada.

“La declaratoria de monumento artístico no convierte una obra en bien público. Lo único que establece es que el Estado, a través del INBAL, protege su conservación y regula su salida del país mediante autorizaciones temporales.

“Por eso, corresponde a las partes involucradas informar con claridad. Sin embargo, todo se ha dicho a cuentagotas, de forma fragmentada y, lamentablemente, con un afán de politizar el tema de manera preocupante”.

Por ahora, esta extraordinaria Colección Gelman está expuesta en el Museo de Arte Moderno, en Ciudad de México; no te pierdas esta oportunidad de verla.

Temas: