GENTE COMO UNO

Callar, esa otra forma de morir…

Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

Jorge Sánchez Ordóñez heredó más que un oficio. Su padre fue el periodista Moisés Sánchez Cerezo, sustraído de su domicilio el 2 de enero de 2015 en Medellín de Bravo, Veracruz, por un comando armado, delante de toda su familia. Fue encontrado muerto 22 días después. Tuvieron que pasar diez años para que se dictara sentencia contra una de las personas presuntamente responsables, pero sin que se aclarara jamás la participación de los otros implicados, incluyendo el señalado como presunto autor intelectual, un exfuncionario de gobierno que hasta hoy sigue prófugo.

Y como tantas veces ocurre en nuestro país en asesinatos contra periodistas, la verdad quedó incompleta o nunca se sabrá.

Desde entonces, Jorge no sólo continuó el trabajo periodístico de su padre desde el medio La Unión, también asumió una nueva responsabilidad con una alta dosis de riesgo: exigir justicia.

Por eso forma parte del cortometraje Bullet Machine, presentado el pasado miércoles por la organización Artículo 19, junto con la agencia Grey México y el medio La Unión.

Porque es mucho más que sólo un proyecto creativo o una denuncia, es el retrato de esa realidad nuestra que tanto se repite.

México es el segundo país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, sólo después de Gaza que es un territorio en guerra declarada.

Aquí cada 14 horas se agrede a una persona periodista, con amenazas directas o indirectas, intimidación, acoso, ataques digitales, hostigamiento judicial, abuso de poder público y agresiones físicas, hasta el asesinato.

Desde el año 2000, Articulo 19 ha documentado 176 asesinatos de periodistas en posible relación con su labor y la cifra persiste sexenio tras sexenio.

Durante el gobierno de Felipe Calderón se registraron 48 asesinatos de periodistas. En el de Enrique Peña Nieto, 47. En el de Andrés Manuel López Obrador, otros 47 y en lo que va del actual gobierno de Claudia Sheinbaum, ya van al menos 9 casos.

El más reciente es el de Carlos Leonardo Ramírez Castro, asesinado el 8 de enero de 2026 en Veracruz, el estado que concentra el mayor número de homicidios de periodistas en el país: 31 en total, incluidos los perpetrados durante el gobierno de Javier Duarte, el más letal para la prensa con 18 asesinatos.

Eso es lo que Bullet Machine pone sobre la mesa, en apenas 2 minutos 28 segundos retrata el horror de vivir en la mira por informar.

“El dilema moral entre no publicar nunca se va a resolver… No podemos juzgarlo. Es un dilema en el cual no debería de estar ninguna persona, si publicar o no publicar, si defender o no defender, si hablar o no hablar”, dice Leopoldo Maldonado, director de Artículo 19 México.

Y es que el problema, más allá de que maten periodistas, es que los hechos obligan a todos los demás que se quedan, a decidir de qué manera quieren seguir: publicar y exhibir la verdad, o callar para protegerse y proteger a los cercanos.

Escena del cortometraje Bullet Machine de Artículo 19, Grey México y La Unión.
Escena del cortometraje Bullet Machine de Artículo 19, Grey México y La Unión. ı Foto: Especial

El cortometraje en cuestión lo resume en una frase dicha por Alex Ospina, Chief Creative Officer de Grey México: “Cada letra, cada tecla se puede convertir en una amenaza, en una bala”, y por desgracia no es una metáfora.

Y en medio del dilema quedan las familias, atravesadas por el miedo, la pérdida y luego el dolor indescriptible que habrá de abrazarlos para siempre, sin reparación posible y donde habrán perdido todos, empezando por la verdad…

Las palabras de Jorge Sánchez Ordóñez, leídas durante la presentación del corto —porque él no pudo estar presente—, son quizá las más crudas:

“Cuando la tragedia llega ninguna familia está preparada… por un lado el temor de que los criminales hagan más daño, por otro, un Estado mexicano que no le interesa el sufrimiento, sólo le interesa que te calles”.

Por eso no es aventurado decir que detrás de cada muerte de un periodista hay impunidad.

En México casi el 98% de los casos de agresiones contra periodistas están sin resolver (Artículo 19). Es decir, el sistema no castiga y si no castiga, el mensaje que envía es que se puede repetir, una y otra y otra vez.

Por eso el verdadero problema no es que algunos decidan no publicar, que las amenazas hayan cumplido su cometido y que el miedo les haya capturado y siga ganando batallas la impunidad.

El problema es que haya tantos viviendo con esa rabia contenida de tenerse que callar, de saber que se va un pedazo de la vida en ese artículo guardado, porque como dice Polo Maldonado:

“Para un periodista callar, es otra forma de morir”.

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