DE LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

El tablero antes de 2027

Rafael Solano *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Rafael Solano *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

En septiembre arrancará formalmente el proceso electoral. En un año estaremos en medio de las campañas de 2027.

Sin embargo, la elección ya comenzó. Semana a semana, se define la posición de cada fuerza política frente a un electorado que observa más de lo que las encuestas registran.

Antes de la boleta, hay un tablero que hoy se mueve en dos dimensiones: posicionamiento y organización. Vale la pena analizarlo.

Morena llega fuerte, pero no invulnerable. Las últimas semanas le han dado victorias institucionales relevantes: la aprobación del Plan B electoral, el respaldo de la Corte al congelamiento de cuentas sin orden judicial, la ratificación de un nuevo canciller y el arranque de la credencialización del Sistema Universal de Salud. Todo ello configura una capacidad de gobierno que opera con contrapesos cada vez más limitados.

Pero esa fortaleza tiene fisuras. La fractura con el PVEM y el PT en torno a las reformas electorales evidenció que la coalición oficialista ya no funciona como un bloque monolítico. La élite gubernamental comienza a mostrar signos de faccionalismo.

Existen tres áreas con potencial electoral adverso para la fuerza oficial:

La primera es la seguridad. Los informes internacionales sobre desaparición forzada y la percepción ciudadana que ha alcanzado niveles récord, configuran un entorno donde la narrativa gubernamental enfrenta retos.

La segunda es la economía. La respuesta de Hacienda al diagnóstico de The Economist terminó por confirmar lo que pretendía desmentir: una brecha creciente entre el discurso de resiliencia y la experiencia cotidiana del ciudadano, que paga más por todo. La inflación en la canasta básica, el encarecimiento del diésel y un crecimiento económico de apenas 0.8% en 2025 son presiones reales, no percepciones.

La tercera es la credibilidad. La mañanera, que durante años fue una herramienta de control narrativo, muestra hoy signos de desgaste. Las inconsistencias acumuladas no pasan desapercibidas para un electorado cada vez más atento. El teflón construido por Obrador, está en desgaste.

Estos factores ayudan a explicar una caída en las preferencias de Morena de entre cinco y diez puntos en el último año, de acuerdo con mediciones de Lorena Becerra y Buendía.

Del otro lado del tablero, PAN y PRI enfrentan un problema que no se resuelve con posicionamientos legislativos. Su voto en contra del Plan B fue correcto en términos de principio, pero irrelevante en términos de resultado. Hoy operan más como testimonio que como contrapeso. Su capacidad de articular una alternativa sigue siendo difusa y su credibilidad ante el electorado independiente —el que decidirá la elección— permanece erosionada por años de incongruencia. Su ventana de oportunidad está en el territorio y en lo que importa: la inseguridad en carreteras, el costo de vida, la infiltración del crimen organizado en los procesos electorales. Temas que, por cierto, no lograron incorporar en la reforma que acaban de discutir.

En este contexto, el PRI ha optado por un tono más confrontativo, mientras que el PAN parece concentrarse en su reorganización interna. Ambos competirán por un mismo segmento: el electorado de derecha. Difícilmente crecerán más allá de él. Su reto no es conquistar nuevos votantes, sino recuperar a los propios.

Movimiento Ciudadano, por su parte, decidió jugar una carta distinta. Su voto a favor del Plan B junto con Morena abrió una pregunta inevitable: ¿estrategia o desdibujamiento? Su argumento —no ser obstáculo a la austeridad ni comparsa de la polarización— tiene lógica interna, pero plantea un dilema de fondo: ¿cómo diferenciarse del oficialismo si se acompaña en decisiones que definen el régimen?

Aun así, hay un elemento que suele pasarse por alto. Movimiento Ciudadano ha encontrado un nicho de crecimiento en territorios donde Morena comienza a desgastarse. No le habla al votante opositor tradicional, sino a quienes ya votaron por Morena y hoy buscan una alternativa menos confrontativa. Ahí está su oportunidad y también su riesgo. Crecer a partir del desgaste ajeno no es lo mismo que construir identidad propia.

Finalmente, hay un actor que rara vez aparece en el análisis político, pero que podría ser decisivo: el ciudadano harto.

El paro de transportistas y agricultores del 6 de abril, con bloqueos en más de veinte estados, es la expresión de una deuda de gobernanza acumulada en el sexenio anterior: extorsiones, inseguridad en carreteras, costos productivos presionados por la geopolítica.

Ahí hay un electorado real, tangible, que en un año estará frente a una boleta. Quien logre hablarle con seriedad tendrá una ventaja competitiva.

El tablero de 2027 no se definirá el día de la elección. Se sigue definiendo ahora. En cada reforma aprobada. En cada narrativa que no resiste la realidad. En cada decisión que deja más preguntas que respuestas.

Porque antes de la boleta, siempre hay tablero.

Temas: