PUNTO CIEGO EXPRESS

En Tlaxcala los acaparadores del campo mandan

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Los productores de Tlaxcala enfrentan un grave problema por el cual hoy levantan la voz y exigen una respuesta justa y pronta. Su lucha no obedece a un capricho, su lucha es, sencillamente, por poder vender.

En este caso, en un estado que cuenta con condiciones óptimas para producir, el problema no está en la tierra ni en la cosecha, está en el centro de acopio Las Luciérnagas, en Nanacamilpa. Ahí, la comercialización dejó de ser un proceso para convertirse en un filtro. La corrupción que lo domina dejó de lado la función para la que fue creado. Es decir, ahí no sólo se recibe grano, ahí se decide quién entra, quién pasa primero y quién se queda esperando, todo bajo condiciones que no son iguales para todos.

Los productores hablan de cobros por carga y descarga, de pagos adicionales para agilizar la recepción, de prioridades que no responden a reglas claras, sino a criterios que nadie termina de explicar, pero todos entienden: el que puede pagar, avanza; el que no, se forma… o se resigna a no vender. Así de sencillo. Nada nuevo. Es el viejo modelo aplicado al campo, ese que durante años se prometió erradicar. Acceso condicionado, mercado controlado y discrecionalidad disfrazada de operación. Nunca se fue, sigue más vivo que nunca.

Pero también está el tema de fondo: la concentración de decisiones en una sola figura. Cuando alguien define quién vende, cuándo vende y cómo vende, lo que existe ya no es un centro de acopio, es un punto de control. Y como siempre ocurre en estos esquemas, aparecen los beneficiarios: intermediarios que sí pasan, acaparadores que sí colocan producto, y productores que se quedan fuera del negocio que ellos mismos generan.

Por si faltaba algo, aparece el ingrediente político. Señalamientos de condicionamientos informales: participar en ciertas movilizaciones para poder acceder a espacios de comercialización. Nada explícito, nada escrito, nada comprobable… pero lo suficientemente claro para que todos sepan cómo funciona. Una especie de “libertad condicionada”, muy en línea con los tiempos.

Y luego están las protestas. Bloqueos, manifestaciones, cierres. Acciones que, en teoría, buscan defender al campo, pero que en la práctica terminan afectando a terceros y resolviendo poco.

En este entramado de control, la protesta termina formando parte del mismo sistema. Hay que dejarlo claro: el derecho a manifestarse no está en discusión, el uso que se le da, sí. Mientras tanto, los productores de municipios como Nanacamilpa, Calpulalpan, Españita, Hueyotlipan, Sanctorum y Muñoz de Domingo Arenas siguen en lo mismo: producir… y luego ver si alguien les permite vender.

El problema no es la falta de mercado. El problema es quién lo administra.

En Tlaxcala, el campo y sus productores no están detenidos. Están controlados... pero no por regulaciones, sino por intereses que obedecen a órdenes de personajes que se benefician del sistema corrupto que desde el 2018 se juró eliminar.

Reenviado.

“Cuando un mediocre obtiene un gramo de poder, cree que tiene una tonelada de autoridad”

- Anónimo.

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