GENTE DETRÁS DEL DINERO

Fugas en altamar, mucho coque… ¿quién gana?

Mauricio Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Mauricio Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La cadena de falsedades en torno al derrame de crudo del ducto saliente de la plataforma Abkatún hacia Dos Bocas —del cual el director de Pemex, Víctor Rodríguez— apunta no sólo hacia negligencia, falta de inversión en conservación y mantenimiento, así como a la ruptura bidireccional de la cadena de información-mando de la paraestatal más grande del país, sino también a una vieja práctica, pero que ahora se desarrolló con torpeza en todos los sentidos: el “huachicol marino” en barcos sin que nada ni nadie se haya enterado de los “barcos fantasma” ni procurado su detención y abordaje.

Si los sistemas Supervisory Control And Data Acquisition o SCADA que le permite a la petrolera utilizar avanzada tecnología geoestacional y de trazabilidad para detectar en tiempo real hasta los mínimos de presión en tiempo real los casi 32,000 km de ductos de transporte de hidrocarburos, el engaño hacia los mandos de Pemex y hasta a Claudia Sheinbaum implica una elaborada trama de encubrimiento cibernético y de ingeniería que sólo se puede explicar a partir del beneficio económico (o político) que tendrían los perpetradores.

Pero no es todo. El manejo del coque de petróleo en el sistema de refinación mexicano es un problema estructural: México produce mucho más coque del que puede consumir. Para 2026, la oferta nacional ronda los 7.4 millones de toneladas, frente a una demanda interna de apenas 3.3 millones. ¿Quién gana con tanto “desperdicio”?

La tendencia es aún más preocupante: hacia 2028, la brecha seguirá ampliándose. No se trata de un desbalance menor, sino de un excedente estructural que exige una estrategia clara de exportación, logística y comercialización. Pero esa estrategia no existe. En lugar de concebir el Sistema Nacional de Refinación como un sistema integrado, la gestión del coque se ha fragmentado. Cada refinería opera como una isla, acumulando inventarios sin una lógica global de desalojo.

El resultado es: patios saturados, inventarios al límite físico y, en el peor de los casos, riesgos operativos. El caso de Tula es ilustrativo. Con inventarios que rozan su capacidad máxima, la refinería opera bajo presión constante. Lo mismo ocurre en Cadereyta, a cargo de Francisco Vargas Galeana … donde los problemas para evacuar el coque han obligado a reducir la operación hasta un 60% de su capacidad. Esto no es sólo un problema logístico. Es un problema económico y operativo de gran escala.

Cuando una refinería reduce su ritmo o se detiene por falta de espacio para subproductos, el costo puede alcanzar entre 3 y 4 millones de dólares diarios. Es decir, la ineficiencia en la comercialización del coque no sólo afecta un mercado secundario: impacta directamente la producción de combustibles y beneficia a los empresarios favoritos de la dirección de comercialización de Pemex a cargo de Gabriel Cadena Salgado.

Esto no se resolverá con sanciones de botiquín y al “conductor del tren”.

Se hace bolas, otra vez, compra de medicinas. Ya ni es novedad, pero su efecto se multiplica por millones de enfermos mal atendidos. Si bien el subsecretario de Salud, Eduardo Clark, manifestó su preocupación por la escasa respuesta de los laboratorios la investigación de mercado previa (sólo 40% respondió y lo hizo con precios 30% promedio más altos que los estimados), esto es consecuencia directa de las reglas impuestas por la propia secretaría de David Kershenobich y no un “compló capitalista”.

Vaya, al “estudio de mercado” arriba gran cantidad de distribuidores pese que tal “estudio” estableció reglas taxativas que acota la participación exclusivamente a titulares de registros sanitarios y representantes legales mencionados en dichos registros aunque ello viole los acuerdos comerciales de México con Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón.

Ésa es una contradicción. Otra, error de cálculo: si de un hipotético universo de 200 proveedores invitados el 50% es distribuidor inhabilitado por los requisitos de la misma convocatoria, es matemático obvio que la participación sea baja. Y es que se invita a empresas que al mismo tiempo se les prohíbe concursar. ¿Así o más esquizoide?

También se plantearon cambios críticos en las claves médicas a comprar: al menos 22 claves de alta especialidad presentes en la investigación de mercado anterior se “borraron” sin justificación técnica.

También volatilidad en la demanda, con variaciones superiores al 50% (al alza y a la baja) en las cantidades solicitadas de insumos críticos. ¿Qué laboratorio puede en ese sube y baja establecer costos fijos y garantiza incertidumbre abasto? Ni Amilcar Olán.

Habrá que agregar las “Ofertas Subsecuentes de Descuento” (OSD), insostenibles por donde se vea: a) no es congruente manifestar un apoyo al fortalecimiento de la industria nacional cuando las reglas obligan a reducir costos por debajo de los márgenes operativos viables. b) impacto al abasto pues los costos de los medicamentos e insumos han sufrido presiones inflacionarias globales… y los descuentos a la de “a gallina” ahuyentan a los proveedores.

El resultado no será ahorros para el urgido Gobierno de México, sino un desabasto provocado por la inviabilidad de querer comprar pesos a tostones.

Existen soluciones a este embrollo. Tal vez Carlos Ulloa, desde Birmex, ayude a poner un poco de orden para evitar ooootro desastre.

AT&T recurre a OXIO. La nota en telecomunicaciones es que desde la semana pasada AT&T México, que dirige Mónica Aspe, estableció un acuerdo con el operador virtual OXIO, una plataforma digital presidida por Nicolas Girard que se dice estar “flotando” especialmente en “la nube” o una DOTC (Digital Over The Counter) que aprovecha los beneficios de la infraestructura construida por décadas con sólo el costo marginal operativo.

OXIO se comió previamente a Movistar México. Y se le habría adelantado a Televisa que tenía en la mira adquirir AT&T.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón