EL ESPEJO

Más de 50 días de guerra en Irán

Leonardo Núñez González. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Leonardo Núñez González. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Este lunes 20 de abril el conflicto entre Estados Unidos e Irán llega a 52 días desde el arranque de los ataques coordinados con Israel que terminaron asesinando al ayatola y buena parte de la cúpula de poder iraní.

Y, sin embargo, el régimen de los ayatolas no ha colapsado. Sigue golpeado, cercado y bajo una presión militar enorme, pero está lejos de la rendición o caída que anticipaban los estadounidenses. Tumbar desde el aire a un régimen autoritario, nacionalista y militarizado que lleva casi 5 décadas acumulando poder es mucho más difícil de lo que parece.

La apuesta de Trump se parece mucho al error de Vladimir Putin en Ucrania. Putin creyó que bastaban unos cuantos golpes de precisión para entrar con su ejército triunfalmente a Kiev, la capital ucraniana. Pensó que el gobierno se desmoronaría y que su ejército invasor se impondría sin problema. Falló miserablemente y hoy la guerra está en su cuarto año. Aquí ocurrió algo parecido. Trump apostó a que Irán, debilitado por años de sanciones, aislamiento y conflictos sociales internos, no resistiría una guerra prolongada. Pero el régimen de los ayatolas llevaba años preparándose para esto: dispersó capacidades, enterró instalaciones, cavó túneles y diseñó parte de su infraestructura nuclear, balística y de drones para sobrevivir a múltiples ataques.

Por eso la guerra no produjo la escena decisiva que esperaba Washington al decapitar al máximo líder iraní. Sí hubo daños severos. Sí hubo pérdidas militares. Pero no el desplome del régimen. Al contrario. Esta semana medios iraníes incluso difundieron imágenes de instalaciones subterráneas y afirmaron que Teherán ya repone lanzadores de misiles y drones a un ritmo incluso mayor que antes de la guerra. Puede ser propaganda, naturalmente, pero da muestra de que Irán está echado para adelante. En el colmo de la posmodernidad bélica, hasta la propaganda iraní ha logrado volverse viral mediante memes creados con inteligencia artificial.

Trump también subestimó la capacidad de Irán para poner en jaque puntos geopolíticos estratégicos. Durante años se habló del estrecho de Ormuz como una amenaza potencial, pero el régimen iraní realmente nunca pudo ni intentó poner en jaque el comercio martítimo por el que su propio petróleo salía al mundo. Ahora dejó de ser sólo una discusión hipotética e Irán lo convirtió en arma real al haber sido puesto contra las cuerdas. Por esa franja angosta pasa alrededor de una quinta parte del petróleo mundial. No hace falta dominar los océanos para desestabilizarla. Basta con minas, drones aéreos o marítimos, misiles costeros, lanchas rápidas y la voluntad de asumir el costo. En los últimos días, a pesar de la llamada supuesta tregua que debe vencer mañana, se han documentado cierres, reaperturas parciales, nuevas restricciones y disparos contra barcos. Ayer mismo la crisis escaló con la incautación por la Marina estadounidense de un carguero iraní cerca de Ormuz.

Irán no puede derrotar a Estados Unidos en una guerra convencional. Pero sí puede impedirle una victoria limpia. Puede alargar el conflicto, encarecerlo, sacudir mercados energéticos y demostrar que aún herido conserva dientes. Trump ha alternado amenazas de “hacer volar Irán por los aires” con anuncios de nuevas negociaciones, mientras el bloqueo naval sigue. Después de 52 días, la guerra ya no se trata sólo de destruir capacidades iraníes. Trata de algo más incómodo para Trump: cómo salir sin admitir que subestimó al enemigo.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón