
¿Recuerda usted el caso de un avión venezolano sancionado por Estados Unidos, cuyos tripulantes fueron identificados por su posible relación con la Guardia Revolucionaria iraní?
Un avión que estuvo varios días en el aeropuerto de Querétaro en 2022, con vuelos que no aparecen claramente en las bitácoras.
Esa historia se la hemos contado en este espacio, porque cuando el avión salió de México rumbo a Argentina fue detenido en ese país. Era una aeronave que realizaba viajes recurrentes entre Irán, Venezuela y México. Venía de una red de vuelos que incluía Caracas, Teherán, la Triple Frontera en Paraguay, Moscú y Belgrado.

Un aluvión contra Piedra
Un grupo considerado por Estados Unidos como organización terrorista.
Al llegar a Argentina, un juez ordenó retener los pasaportes e impedir la salida del país a cinco iraníes que habían viajado en el avión procedente de México con carga de autopartes.
La pregunta en 2022, y que sigue vigente hoy, es: ¿qué hacía un avión sancionado por Estados Unidos, cuyos tripulantes eran investigados por su posible pertenencia a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, saliendo de México?
Y esa información, sobre las bitácoras de vuelo y lo que hacía el avión en nuestro país, se convirtió en información reservada. El propio Gobierno de México decidió no transparentar qué hacían estos supuestos miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán en territorio nacional.
En Argentina, las autoridades señalaron que podría tratarse de integrantes de una red terrorista.
Con la poca información disponible, proporcionada por autoridades argentinas, se sabe que el Boeing 747, con matrícula YV3531, despegó el domingo 5 de junio de 2022 a las 8:11 de la noche del Aeropuerto Internacional de Querétaro, y arribó a las 12:40 de la madrugada al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, en Venezuela.
Posteriormente, la aeronave llegó el lunes 6 de junio al Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, donde quedó retenida. Las autoridades detectaron que viajaban 15 tripulantes, entre ellos cinco iraníes que pertenecerían a la Fuerza Quds, una división de la Guardia Revolucionaria Islámica declarada como grupo terrorista por Estados Unidos en abril de 2019.
Los pasaportes de esos cinco tripulantes fueron retenidos por orden judicial.
El entonces ministro de Seguridad de Argentina, Aníbal Fernández, explicó que el avión pertenecía originalmente a la empresa iraní Mahan Air, vinculada a la estructura militar de ese país, y que posteriormente pasó a manos de Emtrasur, filial de la estatal venezolana Conviasa.
VUELO SOSPECHOSO
Todas estas empresas están sancionadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
En un inicio, ninguno de los tripulantes contaba con ficha roja, por lo que no se les impidió el acceso. Sin embargo, posteriormente, las autoridades argentinas recibieron información de organismos internacionales que alertaban sobre los vínculos de la tripulación con la Fuerza Quds.
El tema cobra relevancia porque, en los últimos años, estos grupos iraníes han incrementado su presencia en América Latina a través de Venezuela, como lo ha advertido el Subcomité de Antiterrorismo e Inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
Y si ese avión estuvo en el aeropuerto de Querétaro, y la información sobre su operación en México permanece reservada, el tema no puede darse por cerrado.
Mientras tanto, congresistas estadounidenses aseguran que miembros de la Guardia Revolucionaria iraní están cada vez más involucrados en América Latina.
Porque hoy, el aeropuerto de Querétaro vuelve a ser noticia.
El periodista Héctor de Mauleón ha documentado un patrón que no puede ignorarse: decomisos constantes de droga en esa terminal desde 2022. No se trata de un hecho aislado, sino de una secuencia reiterada.
Marihuana, LSD, metanfetaminas, cocaína y fentanilo han sido detectados mediante binomios caninos y sistemas de rayos X. La droga viaja oculta en paquetes de mensajería almacenados en bodegas del aeropuerto. Son envíos constantes que ya superan los 200 millones de pesos.
Sin embargo, no hay detenidos.
De acuerdo con lo reportado por De Mauleón, la Fiscalía General de la República (FGR) ha sostenido que se rastrean guías de envío y se investigan redes, pero los resultados no aparecen. No hay avances visibles ni desarticulación de estructuras criminales.
Tan sólo el pasado 6 de enero, por ejemplo, se detectaron 537 dosis de marihuana, mil 559 vapeadores con extracto de cannabis y más de 100 dulces con la misma sustancia. Aseguramientos pequeños, fragmentados, casi rutinarios: los llamados “decomisos hormiga”.
El problema de los decomisos hormiga no es lo que se detecta, sino lo que no.
El aeropuerto de Querétaro podría haberse convertido en un punto clave para el tránsito de drogas hacia el exterior. Es una terminal con menor saturación que otras, pero con suficiente conectividad para operar.
Y si aún no se puede explicar qué hacía ese avión en 2022, que debió haber sido retenido por estar boletinado por la OFAC, ni cómo operó en México sin control claro, la preocupación es mayor. No se sabe qué transportó, qué dejó en el país ni quién supervisó su estancia.
El Gobierno mexicano decidió reservar la información.
En el actual contexto internacional, marcado por la tensión entre Estados Unidos e Irán, la presencia de actores vinculados a la Guardia Revolucionaria en América Latina, y particularmente en México, no es un asunto menor.
Más aún cuando existen antecedentes recientes. En 2024, se frustró un intento de atentado contra la embajada de Israel, coordinado desde Teherán, a través de la Fuerza Quds, una unidad especializada en operaciones encubiertas. El ataque fue desactivado por trabajos de inteligencia de Estados Unidos, Israel y México.
Y en ese escenario, la pregunta que plantea el trabajo de Héctor de Mauleón es inevitable: ¿qué tan controlados están los puntos de entrada y salida en México?
El aeropuerto de Querétaro aparece, una y otra vez, como un punto vulnerable.
Por un lado, decomisos constantes de droga sin responsables. Por otro, antecedentes de vuelos vinculados a redes internacionales bajo sospecha. Todo en un mismo espacio, con una vigilancia que, en los hechos, no logra contener el problema.
A esto se suma el entorno geopolítico. Estados Unidos ha señalado la presencia de Irán y de Hezbolá en América Latina, particularmente en Venezuela. Y la cercanía política de México con estos gobiernos ha encendido alertas en Washington.
La información de De Mauleón no afirma una conexión directa entre el tráfico de drogas y la presencia iraní. Pero sí coloca ambos fenómenos en un mismo aeropuerto.
Y este tema, además de ser un conflicto por el trasiego de drogas, puede convertirse en un problema muy serio en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.

