El ataque perpetrado en la zona arqueológica de Teotihuacán expuso a México ante el mundo: si bien los mexicanos han aprendido a sobrevivir a la violencia cotidiana del crimen organizado, ahora, peligrosamente, se abre la puerta a una violencia sin lógica, aislada, individual y dirigida contra personas indefensas en espacios simbólicos.
Ayer, al mediodía, el caos inundó la zona donde convergen la Calzada de los Muertos, el Palacio de Quetzalpapálotl y la Plaza de la Luna. Un joven —identificado inicialmente como Julio César Jasso, de 27 años— subió a la pirámide de la Luna y desde ahí disparó, matando a mansalva a una mujer canadiense e hiriendo a otras 13 personas extranjeras, para después suicidarse, de acuerdo con las primeras versiones.
En el grupo agredido, detalló anoche el Gabinete de Seguridad del Gobierno de México, había turistas de Colombia, Canadá, Rusia, Brasil y Estados Unidos y, pese a haber cientos de mexicanos alrededor, ninguno resultó lesionado. Fueron momentos de gritos, llanto, angustia, incertidumbre… y coraje.

Un aluvión contra Piedra
Videos del momento comenzaron a correr como diablo en redes sociales y plataformas digitales. Uno en particular, tomado desde la parte posterior de uno de los vestigios frente a la Pirámide de la Luna, mostraba la llegada de elementos de la Guardia Nacional, quienes tomaban distancia y se apostaban frente al agresor.
La gente gritaba desesperada a los elementos federales, quizá por miedo o por hartazgo: “dispárenle”, “ya tírenle, ¿les da miedo o qué?”, “es uno, venga, nos está haciendo quedar mal”, “se va a subir, se les va a ir por atrás”, “tírenle”, “va para arriba”, “ahí ya denle”, “ya dispárenle”, “se va a pelar”. Caray, qué día, qué desesperación, qué tristeza.
El hecho detonó una crisis cuya dimensión real conoceremos en las próximas horas. Embajadas comenzaron a emitir recomendaciones a sus ciudadanos que trabajan, viven o visitan México.
La prensa internacional reportó el incidente de inmediato. Durante horas, en la página principal de The New York Times se leía: “Turista canadiense es asesinada en tiroteo en pirámides de México”; The Washington Post informaba: “Hombre armado dispara contra varios turistas en las pirámides históricas de México, matando a una canadiense”.
Le Monde consignaba: “En México, una canadiense muerta a tiros en el sitio arqueológico de Teotihuacán”; El Tiempo de Colombia titulaba: “Tiroteo en las pirámides de Teotihuacán: ataque armado deja al menos dos muertos y seis heridos, entre ellos dos colombianos”. Y así, alrededor del mundo.
De inmediato, la crisis de imagen país provocada por el ataque sacudió a las autoridades de todos los niveles, no sólo por la cercanía —apenas 52 días— de la inauguración del Mundial de Futbol en el Estadio Azteca el próximo 1 de junio, sino por la naturaleza misma del episodio de violencia que se abre.
Más allá del golpe a la imagen internacional, esta tragedia obliga a una reflexión más profunda.
Desde que Felipe Calderón detonó la llamada “guerra contra el narco”, México aprendió a sobrevivir a la violencia de la delincuencia organizada. Es más, aunque sigue siendo vista con horror, se han normalizado los ataques armados entre grupos criminales, sus refriegas con fuerzas de seguridad, los secuestros, las extorsiones, los homicidios, las desapariciones y la presencia militar en las calles.
Pero este ataque —el de Teotihuacán— es distinto. No es un enfrentamiento, no es una disputa, no es un mensaje entre grupos criminales. Ocurrió en uno de los lugares más simbólicos del país, fue dirigido contra extranjeros y bajo la mirada del mundo por la cercanía del Mundial.
Los expertos en seguridad habrán de determinar si se trató de un acto con acentos terroristas; perfilarán al agresor, sabremos dónde vivía, quién era, qué pensaba. Y los mexicanos tendremos que entender por qué ocurrió esto que hoy nos expone ante el mundo y nos coloca frente a un nuevo capítulo de incertidumbre: el de la violencia sin razón.
RADAR
NAYARIT Y LA SUCESIÓN. Nayarit se encuentra en un complejo panorama político y social de cara a las definiciones que habrán de vivir esta entidad para enfrentar la sucesión del impresentable gobernador Miguel Ángel Navarro, quien durante su gestión se ha peleado con todo mundo —maestros, burócratas, productores, académicos, estudiantes, artistas— en aquella entidad del Pacífico Norte Mexicano.
Nos comentan que de acuerdo con estudios internos, la alcaldesa de Tepic, Geraldine Ponce, comienza a convertirse en el principal cuadro de la 4T para competir por la gubernatura, por encima del senador Pavel Jarero Velázquez; el alcalde de Bahía de Banderas, Héctor Santana; la senadora Jazmín Bucarín y la directora de los Servicios de educación Pública del Estado de Nayarit, Elizabeth López Blanco.
Nayarit enfrenta una crisis multidimensional bajo el gobierno de Navarro Quintero, criticado por la represión y la “criminalización” de la protesta. La situación ambiental es grave, con incendios y contaminación del agua, y la pobreza laboral ha aumentado al 25.8%. A pesar de que el gobierno reporta avances como la reducción de deuda, las presiones financieras siguen complicando la situación.
Así, en la contienda interna de Morena, Ponce lidera con un 27.6% en una contienda reñida. Aunque tiene ventaja, la alta tasa de indecisos y los problemas sociales podrían influir en el rumbo electoral. Desde este radar seguramente abordaremos cómo estos desafíos impactan la carrera de Morena hacia 2027 en la tierra nayarita que también es mi tierra.
EL PAN CDMX
Y hablando del 2027, las cosas en el PAN CDMX comienzan a moverse con energía para, por lo menos, refrendar los bastiones que tiene en la capital del país. Nos aseguran que el blanquiazul ya ha decidido llevar a la reelección en Benito Juárez a Luis Mendoza; en Cuajimalpa a Carlos Orvañanos; y en Cuauhtémoc apoyar a Alessandra Rojo de la Vega.
Donde se abre la baraja es en Miguel Hidalgo y Coyoacán, pues Mauricio Tabe y Giovanni Gutiérrez ya no pueden repetir. En Miguel Hidalgo todo apunta a que la candidata será la diputada América Rangel, con seis años de trabajo en la demarcación y dos triunfos electorales; mientras que en Coyoacán la moneda sigue en el aire. Tic tac.

