Con la nueva postura de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tener cualquier imagen o símbolo que haga alusión a la cultura maya podría ser motivo de sanciones o incluso de clausura.
En muchas zonas, sobre todo turísticas del país, en particular en Quintana Roo, Campeche y Yucatán, muchos destinos, especialmente en Cancún, Playa del Carmen y Tulum, han incorporado en los negocios, como hoteles y restaurantes, incluso hasta en las tienditas, una estética y narrativa inspiradas en la cultura maya.
Pues hoy, por el simple hecho de tener alguna imagen, hacer una danza en un espacio turístico o, por ejemplo, colocar un Chac Mool como escultura en la entrada del lobby de un hotel, podría ser suficiente para que clausuren el establecimiento.

Aprietan a gaseras
Esta semana platicamos con Javier Olvera Silveira, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) del Caribe, para que nos explique cómo es que una resolución en el caso Xcaret pudiera afectar gravemente a muchos de los negocios relacionados con el turismo.

Bibiana Belsasso (BB): Javier, bajo este fallo de la Corte, ¿es correcto decir que cualquier negocio que utilice símbolos o referencias a la cultura maya —desde un hotel hasta una pequeña tienda— podría ser sancionado?
Javier Olvera (JO): Sí, y te diría que el problema es más amplio y grave. Esto parte de una ley que, en principio, tiene una intención correcta: proteger el patrimonio cultural de pueblos indígenas. Pero cuando se lleva a la práctica, sin reglas claras, se vuelve extremadamente riesgoso. Porque hablamos de un patrimonio muy amplio, no sólo de objetos físicos, sino de cultura viva: tradiciones, gastronomía, símbolos y rituales. Y ahí es donde todo se complica.
BB: Lo que hoy está pasando con Xcaret podría extenderse a prácticamente cualquier actividad turística o comercial en la región.
JO: Exactamente. El turismo en lugares como Quintana Roo, Yucatán o Campeche se basa precisamente en promover esa identidad. Los nombres de los destinos, la estética de los hoteles, espectáculos, experiencias… todo está ligado a la cultura maya. Si no se puede usar, entonces se pone en riesgo la esencia del turismo.
BB: Hay un punto particularmente preocupante. En este caso, ya existía un acuerdo con el Consejo Maya, incluso con una compensación económica, y aun así cuatro personas lograron echar abajo ese convenio. ¿Eso significa que basta con que unas cuantas personas se opongan para frenar proyectos completos?
JO: Ése es justamente uno de los mayores riesgos. Hoy estamos viendo que, sin reglas claras, cualquier persona que se identifique como parte de una comunidad indígena puede intentar hacer valer derechos sobre símbolos o expresiones culturales.
No necesariamente tienen una representación formal ni un derecho claramente definido, pero, aun así, pueden iniciar procesos legales. Y eso genera una enorme incertidumbre.
BB: Entonces estamos frente a un escenario donde cuatro personas pueden poner en jaque inversiones millonarias, miles de empleos y proyectos completos.
JO: Así es. Y ése es el punto más delicado. No estamos hablando sólo de una empresa, sino de un precedente. Si esto se replica, cualquier proyecto que tenga relación con la promoción de una cultura ancestral puede ser cuestionado. Y eso puede afectar desde grandes desarrollos turísticos hasta pequeños negocios familiares.
BB: No es sólo Xcaret. En la Riviera Maya, en Tulum, en Cancún, prácticamente todos los hoteles, restaurantes y servicios tienen algún elemento cultural maya.
JO: Exacto. Y no sólo en el sureste. Esto puede extenderse a cualquier región del país. Puede ser la cultura zapoteca, la gastronomía oaxaqueña, el mole poblano, los textiles de Jalisco. El patrimonio cultural mexicano es vastísimo. Y sin un reglamento claro, cualquier elemento podría ser sujeto de disputa.
BB: Esto abre la puerta no sólo a litigios, sino incluso a prácticas como la extorsión.
JO: Ése es el riesgo real. Cuando no hay reglas claras, se genera discrecionalidad. Y la discrecionalidad abre espacios para abusos.
Empresas que no saben si están cumpliendo o no, y personas que pueden intentar aprovechar esa incertidumbre para exigir pagos o frenar proyectos.
BB: ¿Qué te dicen los empresarios de la región? ¿Cuál es el ambiente?
JO: Hay preocupación y confusión. No se entiende con claridad hasta dónde llega la ley ni cómo se va a aplicar. Lo más grave es que no hay certeza sobre el futuro. Eso afecta directamente la toma de decisiones, la inversión y la planeación de proyectos.
BB: Porque al final esto impacta directamente en la economía.
JO: Sin duda. Quintana Roo depende del turismo. Miles de empleos, miles de familias viven de esta industria. Si introduces incertidumbre jurídica, lo que haces es frenar inversiones. Y cuando se frena la inversión, se afecta toda la cadena: empleo, servicios, desarrollo regional.
BB: ¿Estamos ante un riesgo sistémico?
JO: Sí, si esto se convierte en jurisprudencia y se replica en más casos, el riesgo es sistémico. Porque no sería un caso aislado, sería un criterio que podría aplicarse en todo el país. Y eso sí tendría un impacto profundo en la economía.
BB: Hoy, ¿una empresa podría verse obligada a retirar símbolos, cancelar espectáculos o modificar su operación?
JO: En el caso específico de Xcaret, tendrán que acatar lo que determine la sentencia en sus términos. Pero más allá del caso puntual, lo preocupante es el efecto que esto puede tener hacia adelante. Porque genera un precedente que puede replicarse.
BB: ¿Qué sigue? ¿Cómo se puede corregir?
JO: Lo más importante es reglamentar la ley. Trabajar con la Secretaría de Cultura, con comunidades indígenas y el sector empresarial, para definir reglas claras: quién tiene derechos, cómo se otorgan, en qué condiciones, cómo se compensa. Sin eso, el riesgo va a aumentar.
BB: Porque hoy el mensaje es claro: cualquier negocio que promueva cultura puede estar en riesgo.
JO: Así es. Y eso es lo que hay que evitar. La ley no está mal en su origen, pero sin reglas claras puede convertirse en un problema muy serio para el país.
BB: Javier, muchísimas gracias. Estaremos muy pendientes de este tema porque claramente no es sólo un caso, es algo que puede impactar a todo México.
JO: Gracias a ti. Ojalá se pueda resolver pronto y de la mejor manera.
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Grupo Xcaret se ha pronunciado públicamente tras el reciente fallo y ha tomado una decisión que refleja el nivel de incertidumbre que hoy enfrenta el sector: la cancelación de algunas de sus actividades emblemáticas.
En particular, anunció la suspensión de la Travesía Sagrada 2026, una recreación de una antigua tradición prehispánica que honra la navegación de los mayas y que la empresa había rescatado hace 19 años, después de más de cinco siglos en el olvido.
La decisión, aseguró, es voluntaria y busca evitar cualquier interpretación de confrontación con las autoridades en materia de patrimonio cultural. Sin embargo, el mensaje es claro: hoy existe un riesgo real para este tipo de expresiones. La empresa optó por pausar esta actividad para proteger su viabilidad a largo plazo y evitar tensiones con las comunidades involucradas.
No se trata de un evento menor. A lo largo de casi dos décadas, más de cinco mil 300 personas han participado como canoeros, y este año ya había 333 participantes preparados, además de cerca de 300 voluntarios entre danzantes, artistas, niñas, niños y adultos mayores de distintas comunidades de la región.
Xcaret sostuvo que esta pausa es un acto de responsabilidad, pero también evidencia el impacto directo que este nuevo entorno legal puede tener sobre la preservación y difusión de tradiciones culturales que, paradójicamente, hoy quedan en riesgo.

