LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Guion macabro

Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Julio César Jasso logró que su nombre forme parte de la lista de los tiradores masivos, al atacar con una pistola a los visitantes de la zona arqueológica de Teotihuacán, matando a una mujer de Canadá para después suicidarse.Este tipo de desgracias son cosa de todos los días en Estados Unidos, pero comienza a ser un problema en México y merece mucho más que la definición de hecho aislado.

Este hombre, nacido en Guerrero y habitante de la Ciudad de México, decidió llevar a cabo su plan el 20 de abril, día en que se cumplían 27 años de la matanza de Columbine, fecha que también coincide con el nacimiento de Adolfo Hitler. Jasso portaba toda clase de símbolos que lo vinculan a ideologías radicales, sumado a un perfil psicopático y psicótico. Este tipo de acto violento se denomina como performativo, porque pretende dar un mensaje bien ensayado, en el que las víctimas son personas aleatorias en una multitud y el atacante casi siempre es un hombre.

Ya hemos hablado en este espacio del ciclo macabro que comienza con la identificación digital, primero con un grupo de pertenencia, luego la identificación con los perpetradores (otros tiradores masivos) para después pasar a la actuación real, convirtiéndose de espectador en protagonista. El Internet está sirviendo para muchos como un archivo infinito de modelos de violencia.

Jacques Lacan ha dicho que el sujeto se constituye en el campo del Otro. Es ese lugar donde circulan los significantes que le dicen quién es. Hoy, ese Otro está saturado por Internet. Plataformas, foros, algoritmos, donde se alojan comunidades que vuelven de la violencia algo estético y aspiracional. Jasso tenía un guion en su cabeza que seguramente había repetido frente al espejo una y otra vez. Lo que ocurrió en Teotihuacán también puede situarse en una cultura donde la visibilidad es la moneda de cambio. Guy Debord habló de la sociedad del espectáculo, en la que no basta ser, hay que ser visto. En un giro perverso, la existencia, ser alguien, sólo es posible mediante el impacto aunque sea destructivo. Muchos de estos actos no son impulsivos, sino coreografiados. Elegir una fecha, referencias históricas, símbolos, habla de una construcción planeada. El sujeto escribe su propia escena, tomando prestados fragmentos de otras. No deja de ser impresionante, también, que en momentos en los que la vida peligra, la gente hoy está dispuesta a sacar sus teléfonos para grabar su propio momento aterrador.

Aparentemente Jasso era miembro de una subcultura del Internet conocida como True Crime Community, dedicada a glorificar los tiroteos escolares, especialmente el de Columbine. Esta comunidad se caracteriza por la misantropía, por la fascinación por los perpetradores de crímenes, por el consumo de violencia gráfica, por la identificación con ideologías extremas como el neonazismo y la supremacía blanca. En cuanto a los perfiles de personalidad, se destacan problemas mentales, pobre autoestima y sentimientos de exclusión. Más del 70 por ciento de los tiradores masivos ha experimentado trauma infantil, que incluye abuso, abandono o disfunción familiar. La ideación suicida está presente en muchos de los atacantes, que suelen tener historia de autolesión y un alto consumo de material gore.

La globalización de las ideas y de la violencia ha alcanzado niveles preocupantes. Parece que hay cada vez más hombres que no ven en la ley un freno para su conducta y que se odian tanto y odian tanto a la humanidad, que están dispuestos a cometer asesinatos. Ya no es sostenible pensar que en México no pasan estas cosas.

Guion macabroValeria Villa

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