PUNTO CIEGO EXPRÉS

La tardanza de Alejandra Gutiérrez

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Cuando se trata de hacerse el enojado para romper con quien ya no conviene a los intereses, sólo basta un argumento, uno pequeñito, tal como un hueco que permite dejar pasar la luz en la oscuridad. Así fue lo que la alcaldesa de León, Guanajuato, Alejandra Gutiérrez, usó para dejar al PAN.

El gran argumento fue que el partido perdió la brújula y que ella fue objeto de presiones durante mucho tiempo, incluso habló de meses.

Con esta explicación intenta colocar su salida en el terreno de los principios, pero la realidad es que cuando se trata de política los argumentos pesan por los hechos, no por las interpretaciones, y en ese sentido la realidad es que ésta no es una ruptura firme, es una decisión tardía.

No sorprende, porque se venía anunciando desde hace semanas, la fue construyendo con base en medias declaraciones, de un calculado distanciamiento, y todo esto con una ambigüedad que nunca daba claridad.

Cuando una salida de este tipo se alarga tanto tiempo, deja leer entre líneas muchas cosas: negociaciones y administraciones de daños. Entonces, esas supuestas salidas, porque se anteponen a los principios personales, se convierten en movimientos calculados y no en renuncias por convicción.

Y es que en el caso de Alejandra su decisión se fue acomodando conforme cambiaban las condiciones. Cuando lo hizo fue porque esas condiciones cambiaron. Por ejemplo, mientras se decidía si se atrevía a abandonar su casa, su gobierno enfrentó una crisis que le pegó a quien conforma su primer círculo.

La salida de uno de sus colaboradores más cercanos se dio en medio de serios cuestionamientos, lo que obviamente ocasionó que se redujera el margen de maniobra, obligándola a moverse.

Por eso dilatar su salida le salió contraproducente. La discusión sobre si había diferencias con el PAN eran obvias; sin embargo, la discusión se centró en por qué su salida se dio en este justo momento.

En términos prácticos, el problema era de fondo, la decisión se tomaba cuando todo estaba bien acomodado, no después, cuando transcurrieron meses de desgaste, no cuando la presión pública era insostenible y no cuando el costo político era inminente.

Con todo eso mal planeado, el discurso de los principios perdió fuerza porque el tiempo en que se ejecutó la decisión terminó por quitarle valor. En política, la ambigüedad se paga caro porque se pierde el control del momento, y cuando se pierde el momento, se pierde la narrativa, y cuando se pierde la narrativa, se pierde todo.

Hoy no se ve una ruptura, se ve una salida obligada, una que llega después de haber dejado crecer la incertidumbre, después de haber intentado administrar el desgaste y después de haber debilitado su propia posición.

Su salida ya ocurrió, sí, pero el costo está en todo lo que tardó en tomar la decisión.

Reenviado.

“En política, lo que tarda no se premia, se paga…”

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