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Verdes o consolidadas verdades

Salvador Guerrero Chiprés<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Salvador Guerrero Chiprés*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Las fuerzas políticas reales, capaces de territorio, mediatización, influencia vertical u horizontal, difícilmente esperarán a la conclusión del Mundial de Futbol para hacerse presentes. Ni en lo nacional ni en lo local. La pelota política ya está en sus rebotes, parábolas y tiros directos con no tan discreta circulación y con independencia relativa de todo liderazgo centralizado.

En contraste con la opinión según la cual las fricciones internas dentro del obradorismo —más que dentro del partido hegemónico— aparecen, crecen o generan conflicto, y por ello existiría una presunta negatividad cuestionable, sostengo que, en la medida de la potencia del partido, surgen opciones, alternativas, presiones, rejuegos y recambios.

La vitalidad de la porción predominante del ejercicio real del poder en México es capaz de generar fisuras y enseguida recomposiciones sin perder el control de la gestión del aparato del Estado. Mientras, en cierto modo lamentable para el país, la oposición no genera ni credibilidad ni respaldos desafiantes al cambio de régimen iniciado en 2018.

Los reajustes y/o presiones internas con apariencia de estructuración democrática están “muy verdes”, para usar una expresión de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, emitida con relación a un partido del mismo color usualmente aliado del fundado por Andrés Manuel López Obrador. Lo “muy verde” predomina tanto en la oposición a tal grado que es mucho más interesante la reorganización dentro de Morena, incluso hasta en las conversaciones de los líderes de los partidos opositores… o de relativos aliados.

En la cercanía de las elecciones del 2027, los datos de crecimiento de Morena son contundentes, más allá de la propaganda o la realidad positiva y reconociblemente mejorada. Ciertamente vale la pena observar que prácticamente ningún mandatario local tiene, de manera simultánea, una percepción aprobatoria y reconocimiento en su mayoría positivo respecto de la gestión de seguridad.

Siendo enorme como ha sido el empeño de la Presidenta Claudia Sheinbaum o de Clara Brugada en la capital del país, el obradorismo tiene algunos desafíos aparentemente marginales. Uno, evitar la alineación negativa de percepciones insuficientemente optimistas y la aparición de candidaturas regionales con potencial de victoria; dos, el sesgo disruptivo potencial del exceso de autonomía de liderazgos auto percibidos como capaces de presión ante la inexistencia de una voz convencionalmente autoritaria.

El relevo en la Asociación de Autoridades Locales de México (AALMAC), con Javier López Casarín a la cabeza, es buena noticia en el contexto previo de municipalistas como Sheinbaum y Brugada. En un futuro próximo con expectativas de crecimiento, pero con estampas de pequeña o aislada incertidumbre, contribuye positivamente al escenario también la ubicación de Ariadna Montiel en la dirección nacional de Morena y el nombramiento de Leticia Ramírez, como nueva secretaria del Bienestar.

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