El golpe al Gobierno y su partido por Rocha Moya es de consideración. De alguna manera hay un resquebrajamiento interno por más que pongan su mejor cara y se digan fortalecidos por su asamblea. El asunto puede extenderse, porque junto con la acusación contra el gobernador con licencia seguramente se vendrán otros casos.
El Gobierno ha ido perdiendo capacidad de maniobra en este asunto. Cada vez surgen más elementos contra Rocha Moya y los otros nueve acusados. Estamos en el preámbulo de conocer todo lo que hay detrás de las acusaciones, lo cual tendrá un efecto expansivo.
Quizá no fue la mejor idea que la Presidenta haya hecho una gira este fin de semana a Palenque. Difícilmente nos enteraremos si tuvo o no comunicación con el expresidente, pero el hecho de que Rocha Moya haya tomado el viernes la decisión, forzada o no, de solicitar licencia a su cargo provocó que surgieran especulaciones que particularmente en un momento como éste son evitables.
La Presidenta está en el momento más delicado de su sexenio. Se están cruzando diferentes escenarios ante los cuales va a tener que actuar, lo que puede incluir decisiones que afecten su relación con su antecesor.
Rocha Moya fue gobernador, porque así lo quiso López Obrador. No vemos cómo el expresidente no conociera las muchas tropelías en las que estaba involucrado. Basta con recordar lo que dijo cuando le preguntaron sobre si había ganado la encuesta interna para ser candidato de Morena, respondió cínicamente que quien decidió, con encuesta o sin ella, fue López Obrador.
Morena construyó su fortaleza de la mano de un movimiento popular en medio de un hartazgo social y con base en alianzas con la delincuencia organizada. La participación de los cárteles no sólo fue en Sinaloa, también hay evidencias de su participación en las elecciones y sus relaciones al alto nivel en otros estados.
Es un secreto a voces lo que está pasando. Se puede mantener debajo de la mesa, a pesar de las denuncias internas, las cuales fueron desechadas por tribunales, a modo. Al Gobierno y su partido les ha ido ganando la soberbia, prepotencia que están dispuestos a ganar cualquier elección sin considerar que tarde que temprano todo podía conocerse.
Uno de los señalamientos más serios al Gobierno es cómo fue dejando, particularmente en Sinaloa, a los ciudadanos al garete. Pareciera que poco o nada les importaba el destino de miles y miles de personas que vivían y viven en medio de la violencia. Les pareció más importante apapachar a un gobernador que desde tiempo atrás estaba siendo señalado por motivos que hoy públicamente estamos conociendo.
Nos decía el viernes la presidenta de Coparmex de Sinaloa que López Obrador y el gobernador nos mintieron… “el gran problema, además, fue que la ciudadanía se sometió”.
El Gobierno federal dejó correr las cosas de manera irresponsable y muy probablemente con una dosis de complicidad. El problema no es sólo lo que está sucediendo, sino las condiciones en las cuales está desde hace 21 meses. Cuando se le preguntaba a Rocha Moya cuándo iba a terminar la violencia, cínicamente, decía: “Cuando se dejen de pelear”.
Todo esto, y más debía saber el Gobierno federal. Se trató de defender una narrativa en lugar de enfrentar un problema que alcanza varios estados.
Estamos sólo ante el inicio de escenarios inéditos. El Gobierno y Morena no pueden desmarcarse de Sinaloa y otros estados. Tienen de dos: lo enfrentan y se sacuden rémoras con posibilidad de perder parte del poder, o lo evaden como suelen hacer para llevarnos a todos al baile.
RESQUICIOS.
Las cosas no han cambiado en el sindicalismo con la 4T. Continúa el corporativismo y lo único que ha sucedido es aquello de “quítate tú para ponerme yo”, es lo mismo con otros nombres y siglas.