BAJO SOSPECHA

México: el colapso del tejido social

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ser niño, niña, adolescente o mujer.

De acuerdo con datos de la OCDE, nuestro país ocupa el primer lugar en violencia infantil entre sus países miembros y lidera los índices de violencia física, abuso sexual y homicidios contra menores de 14 años.

Niñas y niños golpeados, violados, torturados y asesinados muchas veces por las mismas personas que deberían protegerlos.

La mayoría de las agresiones ocurren dentro del círculo cercano de las víctimas: padres, padrastros, familiares, vecinos o personas de confianza.

Y aunque las denuncias han aumentado, el subregistro sigue siendo enorme, porque millones de menores nunca hablan por miedo, amenazas o vergüenza.

México no sólo enfrenta una crisis de inseguridad en las calles. También vive una emergencia brutal dentro de las casas. La violencia intrafamiliar, el abuso sexual y el abandono institucional son algo cotidiano.

EXTREMA VIOLENCIA

ERIKA MARÍA “N”, tras ser detenida en Venezuela, el pasado 29 de abril
ERIKA MARÍA “N”, tras ser detenida en Venezuela, el pasado 29 de abril ı Foto: Especial

Y cada vez hay más menores de edad y adolescentes que también se están convirtiendo en victimarios.

Jóvenes que matan a la familia entera de su novia, suegras que asesinan a sus nueras por disputarse el amor del hijo, madres que acaban con la vida de sus niños, parejas que matan a sus mujeres.

La pregunta es muy seria: ¿qué está pasando con el tejido social en México?

Hay una crisis social profunda y no hay políticas públicas que la estén atendiendo, ni siquiera volteando a ver. Hace unas semanas supimos del asesinato de Carolina Flores, de 26 años, exreina de belleza.

El pasado 15 de abril estaba en su departamento en la colonia Polanco, en la Ciudad de México. Su suegra, Erika María Herrera, la siguió y le disparó en varias ocasiones.

Instantes después, Alejandro Herrera, esposo de Carolina e hijo de Erika, salió de un cuarto cargando a su bebé y cuestionó a su madre por lo que hizo. “¿Por qué lo hiciste?”, le preguntó. Y la suegra le contestó: “Me hizo enojar, tiene toda la culpa. Yo soy tu familia, tú eras mío y ella te robó”.

Erika huyó media hora después en un taxi y, 15 días más tarde, Interpol la localizó en Venezuela, por lo que está en proceso de extradición a México para enfrentar a la justicia por el feminicidio de Carolina, su nuera.

El esposo de la víctima, Alejandro, tardó casi 24 horas en denunciar los hechos, mientras el cuerpo de la mujer permanecía tirado en el lugar. Él declaró que la asesinada le estaba dando de comer al bebé cuando ocurrió el ataque. La autopsia de la exreina de belleza reveló que el crimen fue cometido con “sevicia y violencia extrema”.

En estos mismos días, en la alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México, las autoridades reportaron el multihomicidio de la familia Cejudo Barrios.

Ocurrió la noche del 28 de abril. Entre las víctimas estaban dos jovencitas menores de edad, de 17 y 12 años. El ataque ocurrió con armas punzocortantes.

El agresor era exnovio de la joven de 17 años asesinada, quien era estudiante del Tec de Monterrey.

De acuerdo con la investigación, Eduardo “N” pertenece a una célula dedicada al robo de autopartes y al narcomenudeo.

La familia de las víctimas ha declarado que los padres de la joven se oponían a esta relación y que la pareja había terminado el noviazgo, aunque recientemente habían retomado el contacto.

Eduardo también estudia en el Tec de Monterrey. Vivía en el Condado de Sayavedra, en el Estado de México. En sus redes sociales posaba con armas, realizando disparos y escuchando música regional; por eso el padre de la joven estaba en contra del noviazgo.

Eduardo y sus cómplices ya fueron vinculados a proceso.

Un día después de este multihomicidio, el 29 de abril, otro triple asesinato fue reportado en la misma alcaldía de Azcapotzalco.

En una unidad habitacional, tres jóvenes murieron por heridas de bala en la calle Andador Toma de Torreón, en la colonia Unidad Habitacional Francisco Villa.

Tras las indagatorias, autoridades encontraron al presunto responsable, identificado como Donovan, de 19 años, quien también podría haber participado en otro ataque a balazos ocurrido el 17 de abril en la calle 6 de Mayo, en la colonia San Sebastián.

El pasado 2 de abril, también un joven fue rescatado por autoridades capitalinas luego de que su pareja sentimental lo apuñaló en varias ocasiones.

Ocurrió al interior de una vecindad en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Tras una discusión, Nayely tomó un cuchillo de la vivienda y atacó a su pareja, clavándole el arma blanca directamente en el abdomen.

Éstos son sólo algunos ejemplos de la descomposición del tejido social en nuestro país: un deterioro de las relaciones interpersonales, la falta de credibilidad en las instituciones y la poca cohesión comunitaria.

De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU, marzo de 2026) que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 61.5 por ciento de la población de 18 años y más consideró inseguro vivir en su ciudad. Irapuato (92.1 por ciento), Guadalajara (90.2 por ciento) y Ecatepec (87.6 por ciento) encabezan la lista con la mayor percepción de inseguridad.

La impunidad y la falta de denuncia siguen siendo altísimas, superando 90 por ciento en la mayoría de los delitos.

Estudios del Observatorio Cotidiano señalan una desconfianza generalizada entre ciudadanos, ruptura de la confianza mutua y falta de vida comunitaria, factores clave de la descomposición del tejido social.

Acaba de pasar el Día del Niño y se acerca el Día de las Madres. No basta con llenar las redes sociales de felicitaciones y discursos sobre la importancia de la familia.

La pregunta es: ¿qué estamos haciendo para proteger a millones de niñas, niños y adolescentes que viven entre la violencia, el abuso, el abandono y el miedo?

Nuestro país necesita políticas públicas reales que protejan a la infancia y fortalezcan a las familias. Urge atender una crisis de salud mental de la que poco se habla y que está creciendo.

Detrás de muchos casos de violencia hay también depresión, adicciones, traumas, abandono emocional y comunidades completamente fracturadas.

La violencia intrafamiliar, el abuso sexual, la falta de apoyo comunitario y la normalización de la agresión están deteriorando cada día más el tejido social del país.

Y las consecuencias las estamos viendo en menores convertidos en víctimas, pero también en jóvenes que terminan atrapados por la violencia y el crimen.

No podemos acostumbrarnos a vivir en un México donde todos los días aparecen casos de violencia extrema en las noticias.

Proteger a los niños, adolescentes, mujeres y familias enteras no debería ser un discurso de una fecha conmemorativa. Tiene que ser una prioridad nacional.

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