En pocas ocasiones, el medio cinematográfico se ha redefinido como con la asombrosa obra de unos de sus autores más originales, Andréi Tarkovski. Un auténtico poeta y filósofo audiovisual que buscó obsequiarle al cine un enfoque a través de los sentidos, ajeno al razonamiento obligado por la sociedad contemporánea.
Las películas de Tarkovski te invitan a la meditación sin duda, y a la reflexión del ser, de la naturaleza, de la capacidad del humano para destruir y consumir, de nuestra obsesión por olvidar el pasado y los errores fundamentales que hemos cometido como civilización, de nuestra búsqueda por la identidad y de nuestra relación con Dios y la Tierra. Pero más importante es la llamada al público por vivir su narrativa como una experiencia sensorial, la cual se vive, se degusta y se descifra a través de la percepción y los instintos.
Citando a otro de los grandes impresionistas del cine, el director David Lynch, “… Mis películas son rompecabezas experienciales más que narrativas lineales con mensajes definidos”.

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En el caso particular de Andréi Tarkovski, el enigma siempre es hacia adentro. Envía al universo interior del subconsciente humano. Le pide al público que participe en sus filmes y que abra la brecha para construir una retroalimentación entre sus imágenes y sonidos y el impacto visceral de la audiencia.
Andréi Tarkovski (1932, Unión Soviética) nació en una época en la que su país estaba bajo el sórdido y brutal régimen autoritario de Iósif Stalin. La industrialización forzada y la recolección agraria provocaron hambrunas masivas. El jefe de Estado consolidó el poder absoluto a través de ejecuciones y campos de concentración.
En las artes, los rusos han tenido que lidiar con la adversidad insaciable e implacable de los gobernantes. Muchos artistas, los que lo lograron, emigraron y buscaron refugio en Europa y Estados Unidos.
Tarkovski no fue la excepción; después de seis largometrajes tuvo que escapar de su país y desplazarse a Italia. La amenaza del gobierno ya no se limitaba solamente a su obra; su vida estaba en peligro.
Tenemos la suerte de que hoy su filmografía completa está disponible en YouTube:
La infancia de Iván (1962), Andréi Rublev (1966), Solaris (1972), El espejo (1975), Stalker (1979), Nostalgia (1983) —filmada en la Toscana— y su última película, El sacrificio —rodada en la isla de Faro, Suecia, donde vivió gran parte de su vida Ingmar Bergman—. Gracias al estudio de cine ruso Mos Film, estas obras maestras están al alcance de todo el público.
Con ingredientes arraigados en la metafísica y en la espiritualidad, Tarkovski inventó un nuevo lenguaje cinematográfico, dotando a la experiencia del cine con una cualidad única… La intención no es entender, razonar o cumplir preconcepciones, es simplemente emprender un viaje, acompañado con la enorme sensibilidad del autor, hacia el espacio donde la vida es, sin filtros, sin reglas, sin vicios… los sentidos toman el control y la mente solamente está ahí para observar.

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