ARQUETIPO FUTBOL

Obsesión

Daniel Alonso<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Daniel Alonso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Comienza el primer capítulo de una final que se está cocinando como una de las más emocionantes de los últimos años por todos los antecedentes que se han acumulado entre Pumas y Cruz Azul.

Por un lado, tenemos a La Máquina, que suele ser un equipo recurrente en estas instancias, pero que, en el balance general, son muchas las decepciones. Los de la UNAM vuelven a la final cinco años después, tras caer ante el León en una serie marcada por una época en donde los aficionados aparecían de manera virtual y las gradas estuvieron vacías por culpa de aquel virus. Por lo que en realidad, la afición puma vuelve a una final 11 años después de aquella dramática ante Tigres.

Tal vez ese lapso tan largo, es el motivo por la euforia que hoy vive la afición y que se ha trasladado desde la tribuna que fue un hervidero ante Pachuca y hoy todos quieren estar presentes el próximo domingo en Ciudad Universitaria. La boletera registró números loquísimos de gente formada de manera virtual y la aplicación del banco patrocinador de los Pumas colapsó totalmente el día de la preventa. Con este marco pasional, inicia esta noche una batalla deportiva que ha desatado el deseo ferviente de ambas hinchadas por ganar lo que hoy se conoce como el “Clásico de la obsesión”.

Después del empate en temporada regular, los jugadores terminaron bastante calientitos y manifestaron en aquellas ruedas de prensa, que ojalá pudieran verse las caras más adelante para ajustar cuentas y pues el futbol no falla. No hay que olvidar la polémica por el desalojo del Cruz Azul del Estadio Olímpico y la lesión severa que tuvo Kevin Mier por la llegada de Carrasquilla, seguro que ambos tendrán ganas de verse en el campo.

Esta final también nos trae el duelo de dos entrenadores mexicanos, muy jóvenes y muy identificados con los equipos que hoy dirigen. Efraín Juárez superó adversidades muy fuertes en Colombia, pero también en su propio país se encontró con una prensa que muy rápido lo desacreditó y en ocasiones hasta se burló de él. La rueda de prensa tras derrotar a Pachuca, le mandó un mensaje de agradecimiento a todos aquellos que dudaron de él, porque como bien dijo, “son esas personas las que te sacan el verdadero carácter, te motivan y este éxito también es de ellos”.

Joel Huiqui, con un perfil fresco, también se ha ganado rápido a sus jugadores y a su afición. Consciente que llegó de rebote y después de una “crisis” deportiva que culminó con el despido de Nicolás Larcamón, no se ha colgado méritos ajenos y reconoce que sólo “ajustó” algunas piezas para que el equipo volviera a funcionar. Ésa será la gran fortaleza que tendrá Cruz Azul, que sus jugadores están totalmente obligados a demostrar que era el otro entrenador el que les metía el freno de mano.

Curiosamente podría darse el caso que una vez que concluya la final de vuelta en el Olímpico Universitario ninguno de estos dos entrenadores continúe en su club, sería un caso totalmente inédito, pero así ha sido la carrera de Efraín Juárez y este inicio candente de la carrera de Joel Huiqui también podría tener ese sello. Pumas y Cruz Azul, merecedores finalistas, están por regalarnos una final maravillosa y seguramente tendrá tintes de “película” y locura, los del Pedregal van por su octavo título y los de La Noria la ansiada décima. Que gane el mejor.

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