Es entendible que la narrativa de la Presidenta busque confrontar lo menos posible a Trump.
No tiene sentido meterse en un pleito callejero con alguien que vive bajo sus reglas. El presidente ha llegado a ser incluso grosero en el marco de una relación bilateral de iguales. Las cosas seguirán por el mismo camino, como ha venido sucediendo.
La clave está en nuestra capacidad de respuesta como país y la de la propia Presidenta. Es importante porque se van a intensificar las agresiones y acciones. Trump va a entrar en terrenos en que deberá responder a su electorado en los términos en los que lo ha prometido, no tiene muchas salidas porque buena parte de su bono electoral lo ha ido perdiendo.

• Beneplácito a designación de Lazzeri
Las encuestas de opinión caminan en su contra. En EU nadie quiere la guerra con Irán y mandó a los jóvenes al frente de batalla. Sus niveles de aprobación están por ahora en un 23%. Esto se extiende a la popularidad de su gestión, las últimas encuestas lo ubican por abajo del 40%.
Trump va a meter el acelerador tarde que temprano. Va a ser lo que esté a su mano para incrementar el apoyo de quienes hace un año y medio lo impulsaron de nuevo a la presidencia.
Si creemos que hasta ahora ha sido rudo, autoritario, ocurrente e impulsivo es probable que en el corto plazo todo esto se profundice con tal de recuperar a su electorado.
Una derrota en el Congreso podrá costarle la presidencia. Si los demócratas alcanzan la mayoría podrían unirse para lanzar una propuesta de impeachment, la cual tendría los votos suficientes para que tuviera que dejar el cargo.
No nos estamos adelantando. La cuestión es que si bien no se ha hecho mucho ruido, son ya varios intentos demócratas que no han alcanzado mayoría, pero que ya asoman como una probabilidad, incluso entre algunos republicanos.
Trump puede resultar aún más riesgoso y peligroso si se ve contra las cuerdas. Su gestión se ha abocado a preparar un terreno que le sea favorable y que consolide su mirada de su país y del mundo.
México puede ser un pretexto estratégico para poder recuperar su imagen. Somos sus vecinos comerciales más importantes y además existe entre sus votantes un dejo de racismo hacia todo lo que tiene que ver con nosotros. A esto agreguemos que nos ha colocado como el centro de la inseguridad interna de EU.
Son los migrantes, pero por encima de todo es el narcotráfico al que ha clasificado como terrorismo con todo lo que esto significa; define al narco de la misma manera que lo hace con Hezbolá.
Esto significa que en función de las leyes estadounidenses puede atacar en cualquier lugar todo lo que tenga que ver con el narco porque son “terroristas”; es un acto en defensa de la nación.
Nuestro país no tiene mucha capacidad de maniobra. Tenemos al narcotráfico como un actor central, por más que en otras áreas tengamos la razón en función de la forma en que el Gobierno ve la relación bilateral.
En todo esto, lo que prevalece es el poder y éste lo ejerce EU a su manera. Los estadounidenses viven encerrados en sus cuatro paredes. Muchos ciudadanos no tienen referentes del mundo y creen que todo empieza y termina en ellos.
Trump lo sabe y lo manipula. Sus intentos sistemáticos de controlar los medios forman parte de la búsqueda de concepciones unilaterales de la vida y sobre todo de que se ofrezcan parcialidades de lo que sucede más allá de EU.
La Presidenta estudió en California y debe saberlo, pero a veces opta por meterse en un callejón donde teniendo enfrente a Trump nunca se va a ganar. El presidente amenaza, porque sabe que tiene con que amenazar.
No hay que dejar de ver a EU, pero sobre todo hay que vernos a nosotros mismos.
RESQUICIOS.
Por un debilitamiento fiscal y los apoyos continuos a Pemex, que no han permitido que se restablezca la deuda, junto al bajo crecimiento, Moodys`Raitings bajó la calificación crediticia de México. Con eso de que las calificadoras a veces cuentan y a veces no, habrá que ver qué dicen.

Raúl Castro, ante la justicia estadounidense

