VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

Los drones cambiarán el mundo

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

El uso masivo de drones en las guerras de Ucrania e Irán ha cambiado las reglas del juego.

Antes de la invasión rusa, sólo un puñado de ejércitos, principalmente Estados Unidos en operaciones especiales en Medio Oriente y África, utilizaban drones como armas de guerra. Pocos predijeron que, en cuestión de meses, estas nuevas armas se convertirían en uno de los elementos más significativos de la guerra moderna, con el potencial de transformar las dinámicas de poder global de manera revolucionaria.

Hasta hace algunos años parecía claro que los países con la infraestructura y la capacidad de inversión necesarias para formar ejércitos poderosos, como sistemas de defensa aérea, fuerzas aéreas avanzadas y grandes flotas navales, prevalecerían en el juego del poder Las grandes potencias invierten anualmente cantidades exorbitantes de dinero para mantener esta ventaja, lo que hasta hace poco las colocaba en una posición abrumadoramente superior incluso frente a potencias medias. Por ejemplo, en apenas un par de semanas, los ejércitos de Israel y Estados Unidos destruyeron prácticamente toda la fuerza aérea y naval de Irán.

Sin embargo, la guerra en el este de Ucrania comenzó a poner en duda esta premisa. No sólo porque, como ocurrió en Vietnam o más recientemente en Afganistán e Irak, las guerras asimétricas pueden terminar favoreciendo a los más débiles debido al desgaste de las fuerzas invasoras, sino también por la aparición de los drones. Los primeros en utilizar drones kamikaze de alto poder y bajísimo costo de producción fueron los rusos contra los ucranianos. Al ver la eficacia de esta nueva tecnología y darse cuenta de que Ucrania podía producir cientos, y ahora miles, de estos artefactos sin necesidad de importarlos, los ucranianos comenzaron a responder, convirtiéndose rápidamente en la principal potencia mundial en producción drones.

La creación de una industria prácticamente desde cero es, sin duda, una proeza ucraniana. Sin embargo, países con industrias mucho más débiles, como Irán, han demostrado que es relativamente fácil hacerse con un arsenal. En ambos conflictos, los drones cambiaron el balance de poder. En Ucrania se calcula que, mediante el uso de drones, el ejército ha eliminado a miles de soldados rusos y, más importante aún, ha logrado alcanzar diariamente objetivos dentro del territorio ruso, incluso golpeando fuertemente, como vimos esta semana en Moscú, la infraestructura energética del Kremlin. En Irán, fue mediante drones que Teherán, a pesar de haber perdido prácticamente toda su fuerza aérea y naval, pudo atacar distintos puntos del Golfo Pérsico y amenazar con cerrar el estrecho de Ormuz, obligando prácticamente a Estados Unidos a detener los ataques.

Sin lugar a dudas, estos escenarios desatarán una nueva carrera armamentista. Todas las potencias destinarán una parte significativa de sus presupuestos militares en los próximos años a la producción de drones. No obstante, lo que Irán y Ucrania demostraron es que incluso países mucho más poderosos, como Estados Unidos o Rusia, no tienen la capacidad de defenderse completamente de estos artefactos, cuyo costo es mínimo. Una batería antiaérea puede costar hasta mil veces más que un solo dron y, además, resulta imposible proteger cientos de objetivos simultáneamente cada día.

Por un lado, parece que los drones pueden funcionar como una fuerza disuasiva capaz de frenar a potencias agresivas. Esto podría ser una buena noticia para Taiwán, que quizá podría resistir mejor el embate del ejército chino. Por otro lado, también significa que casi cualquier país con cierta capacidad industrial, e incluso grupos armados no estatales, podrá comenzar a producir drones, lo cual podría conducir a un mundo mucho más inestable.

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