Hace poco escribí en Twitter estas conductas que practico para neutralizar machismos, entendidos como acciones agresivas, estereotípicas, normalizadas: “Cuando oigo decir está loca pregunto: ¿no será una forma de justificar violencias contra ella? Además apoyo libros, películas de mujeres, y comparto lecturas feministas”. Y pedí: “Dime tus microfeminismos”. Van mis favoritas entre todas las respuestas:
Camila: No minimizo mis logros y en vez de: “No es para tanto” digo: “Trabajamos en equipo y lo conseguimos”. Evito disculparme por cada “no” que pronuncio; basta con decir “no puedo”.
Fernanda: Leo sobre todo a escritoras, chicas trans y de la comunidad LGBT. Cuando trabajaba en una mezcalería siempre di prioridad a las mujeres.

• Al quite forzado por Inzunza
María: Voy a escuchar a solistas y directoras de orquesta, aunque no las conozca. Tomo clases con grandes maestras, en lugar de maestros. Veo a artistas emergentes.
Marisol: Sostener la mirada con atención y cariño cuando una colega duda de sí.
Dania: Soy maestra y cuando reparto materiales en el salón, a todos les toca de todo: no hay colores de niñas o de niños. Cuando cargo gasolina busco estaciones con despachadoras y me formo en esas filas, para que ellas tengan la propina.
Renata: Asumo que la persona superior en una oficina es mujer. En la escuela, el teléfono de emergencias es el del papá.
Eugenia Participo en la puesta en escena @voces_que_no_callan, con textos de mujeres que han vivido violencias.
Gardi: Trabajo en mí la herida heteropatriarcal para acompañar mejor a mi pareja (mujer) y materno de forma consciente.
Paulina: Soy la clienta #1 de mi amiga que abrió una cafetería, la mamá del kínder que vende crema de cacahuate casera.
Pami: No hablo del cuerpo de otras mujeres.
Gaby: Cuando los vatos juzgan a chicas respondo: “Dice el don chingón, el dios griego, el gran caballero”.
Gisela: Educar a mi hija e hijo en el respeto a su figura paterna (que elegí muy bien) y el respeto a ellos mismos. Nada de reglas distintas para uno y para la otra.
Nadia: Únicamente leo libros de autoras (no me gustó nada el que leí hace poco de un hombre, jaja). Sólo me tatúo con mujeres.
Lorena: En un grupo mixto saludo “hola, señoras e hijos de señoras”. Y aunque no tengo creencia religiosa digo “gracias a las diosas”.
Sofía: Cuando manejo no le doy chance a los hombres.
C. Organizo eventos públicos y, si el presupuesto está en mis manos, pago más a las ponentes. “Es una deuda histórica”, dice mi hija. Cuando en un evento participan un hombre y una mujer pero él es más famoso, lo llamo conversación, para homologar honorarios.
Abril: No considero superhéroe al papá que participa en el cuidado de sus hijos.
Diez veces gracias a cada participante. Las invito a que arreciemos los microfeminismos y añado uno más: leer Machismos cotidianos, de Claudia de la Garza y Eréndira Derbez.

Los nuevos términos de la relación

