QUEBRADERO

Las trampas en nuestro espejo

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Independientemente de las conclusiones a las que llegue la comisión de la UNAM que está investigando las trampas que rodearon al examen de admisión, hay muchas preguntas bastante incómodas en medio de todo esto.

¿Por qué razón los estudiantes, y en su caso su entorno, optaron por buscar entrar por la puerta de atrás a la Universidad? La respuesta es multifactorial y en más de algún sentido nos compete a todos.

Es probable que se hayan dado cuenta que podían ser rechazados en función del alcance de sus conocimientos. Optaron por el camino supuestamente fácil para tratar de equilibrar los problemas que iban a enfrentar en el examen y para ello, seguramente sin pensarlo mucho, acudieron a la trampa.

La cuestión está en por qué decidir de esta manera un asunto en que tarde que temprano podría enfrentarlos en el caso de que ingresaran a la Universidad, cuando ya estén en la carrera que hayan elegido.

Pudo no haber pesado el costo ético y moral de su decisión. De lo que se trataba era de aprobar el examen sin importar cómo, y sin reparar en las secuelas que esto podría traerles. Es probable, lo decimos hipotéticamente, que no se hayan planteado enfrentar el examen con sus capacidades, porque desconfiaron de ellas.

Quizá tomaron un camino en que pensaron que en medio del anonimato las cosas podrían pasar de largo a través del engaño, que al final terminó por ser el engaño a ellas y ellos mismos.

Vivimos en una sociedad poco escrupulosa ante la trampa. De alguna manera se le concede un extraño valor, porque pareciera que el que hace trampa es más listo que el que no la hace. No es nuevo para nadie porque, además, en muchos casos el entorno social llega a justificarlo de manera cómplice y en el absurdo, reconociéndolo.

Con hechos tan aparentemente menores se pueden explicar muchas cosas. Hacer fila o no hacer fila con tal de llegar antes sin haber llegado antes. Pareciera que quien lo hace acaba teniendo un reconocimiento y queda en muchas ocasiones ante los otros y otras como una persona que es muy “viva” y en algún sentido “lista”.

Si la sociedad tiende a premiar al que se mete en la fila, dicho esto como una metáfora, se va creando un proceso que se va incubando entre nosotros, de tal manera que quien repite estas acciones más que ser señalado termina, lamentablemente, por ser reconocido.

Este proceso se convierte en algo formativo, porque incluso es algo que los jóvenes, los niños y adolescentes probablemente pudieran ver en su casa; de lo que se trata es de entrar, sin importar la forma en que se entra.

No tiene sentido apelar a algo como “es que así somos”. El problema está en lo que los jóvenes van viendo en su cotidianidad. En la propia UNAM han pasado diversos hechos a los cuales los ha acompañado la trampa y, en sentido estricto, no ha pasado nada. Entre el poder político y la incapacidad de la universidad para actuar, hemos visto cómo se han copiado tesis y al final no pasó absolutamente nada.

Es una ruda cadena que nos coloca bajo circunstancias en donde no hay por donde colocar ahora como únicos responsables de esto a los aspirantes. En muchos ámbitos en los cuales se mueven la trampa, el acordeón, copiar, se van convirtiendo en elementos que los acompañan en su formación educativa.

Desde el poder político se toman decisiones con pocos escrúpulos respecto al método de instrumentación. Para definir quienes conformarían la nueva Corte, se optó por acordeones para “decirle” a la gente por quién tenía que votar, haciendo ver que todo esto era de alguna manera normal y un efectivo instrumento de elección.

Las trampas en el examen de admisión a la UNAM nos están haciendo ver en nuestro espejo.

RESQUICIOS.

Las condiciones de vida de un buen número de estudiantes que aplicaron el examen no son favorables. Muchos de ellos toman diferentes transportes para moverse a lo largo del día y muchos otros seguramente no tienen ni una computadora.

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