SOBRE LA MARCHA

El nuevo México bronco

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Antes era advertencia para que los contextos y circunstancias político-económicas no activaran, sin pretenderlo, al México bárbaro, ese concepto que romantizado pintaba a clases proletarias y marginadas empuñando palos y armas para quitar el poder a quién correspondiera. Hoy es una realidad con la que convivimos como si nada. O casi nada.

Sinaloa lleva dos años en estado de guerra latente, la traición de un chapito al Mayo Zambada para ponerlo en manos de Estados Unidos no se olvida. Operaciones especiales, contingentes e inversiones humanas no cesan. Y la violencia continúa. Y Rocha Moya también.

En Michoacán, las fuerzas federales iban por el Tío Lako, apañaron a su hija y a su pareja sentimental junto con otros siete del clan. El capo escapó. A él se le adjudica la orden de matar a 25 miembros de la Guardia Nacional cuando el Gobierno federal abatió al Mencho, líder del CJNG.

Atraparon a nueve, el objetivo prioritario huyó y cientos de sus secuaces incendiaron el norte del estado, bloquearon pasos y carreteras, sembraron el caos.

Antes, en esas mismas tierras purépechas, los inspectores de Estados Unidos se dedican a revisar que los productos agrícolas que compran estén libres de pecados originales.

Y como el aguacate es mina de ingresos, pues es también mercado para las extorsiones, cobros de piso y comisiones criminales, pues los güeros nos dieron portazo.

Al día siguiente, Palacio Nacional mandó mil 600 efectivos más, siempre más, a patrullar y vigilar para poder decirle al Tío Sam que ya no, otra vez ya no se perforaría la cadena del aguacate o del limón con actividades ilícitas hasta sus huesos.

Y por el momento se dieron por satisfechos. Otra vez.

En este México bronco nuestro de todos los días y sus noches, los feminicidios no cesan. La estadística nacional sobre homicidios dolosos baja, pero también hay nuevas clasificaciones que despiertan suspicacias. Pero el esfuerzo está ahí, más que antes y mejor que antes.

Tanto, que el titular de Seguridad, Omar García Harfuch, fue a una cumbre en Argentina donde los más picudos de la seguridad y combate al crimen de Estados Unidos lo arroparon, reconocieron y designaron como socio confiable en la lucha yanqui y de todos, en contra de las drogas y sus estelas de dolor y muerte.

Resaltaron la sinergia ejecutiva con el funcionario mexicano, al mismo tiempo que acá se invierte toda la propaganda oficialista en advertir que lo que Estados Unidos quiere es controlarnos.

De México y del resto del continente a base de gobiernos de ultraderecha. Y la perorata viene como anillo al dedo frente al incalculable revuelo político que la pérdida de visa para entrar a la Unión Americana, del segundo de los cuatro hijos de AMLO, ha desatado. O requerido.

Caso de un particular menor que merece los más inflamados choros sobre la defensa de la soberanía —la que sea— ante los actos injerencistas que Andy sin visa, representa. México bronco y un tanto loco.

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