En política sucede algo similar a los accidentes en las carreteras, el accidente no siempre lo ocasiona el vehículo que viene de frente. En muchas ocasiones, el verdadero peligro está a un lado, y es imposible verlo porque generalmente hay un espacio que no alcanza a cubrir el espejo lateral y que solamente cuando logras identificarlo ya lo tienes encima.
Algo muy parecido le puede ocurrir a Morena con la reforma para impedir que quienes aspiren a la Presidencia o a una gubernatura mantengan una segunda nacionalidad. Apenas ayer en San Lázaro ocurrió lo que ya todos esperábamos. Morena, Partido Verde y PT juntaron sus votos y aprobaron en lo general la reforma con 344 votos a favor, 116 en contra y una abstención. PAN, PRI y Movimiento Ciudadano hicieron lo suyo: gritar, dar discursos, reclamos y votar en contra.
Nada nuevo bajo el sol legislativo. Sin embargo, la resistencia decisiva no necesariamente está en las curules de la oposición, sino dentro del mismo bloque que acompaña al Gobierno. En el Senado, con el pleno completo, Morena, Verde y PT necesitan 86 votos para alcanzar la mayoría calificada y, curiosamente, entre los tres suman exactamente 86. No les sobra uno solo. Ahí aparece el Partido Verde. Manuel Velasco ya reconoció que dentro de su bancada existen senadores que no están de acuerdo, algunos con doble nacionalidad, y hasta dejó abierta una salida: acompañarla si la prohibición se limita a la Presidencia y deja fuera a las gubernaturas. Traducido del lenguaje parlamentario al español común, el Verde no está diciendo necesariamente que no; está diciendo que así, como viene, pero puede costar más caro.
Y razones para estirar la liga existen. La reforma pretende entrar en vigor a partir del proceso electoral de 2028, cuando se renovarán Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas. Seis gubernaturas y suficientes intereses como para que más de uno descubra de pronto una profunda vocación por estudiar comas, transitorios y tiempos.
Por eso los votos del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano sirven para el escándalo, pero los que pueden cambiar la historia están del lado oficialista. Si un senador verde se baja o la bancada condiciona su respaldo a sacar a los gobernadores de la prohibición, Morena tendrá que negociar algo que en la Cámara baja parecía un trámite. La ironía es buena. Morena puede seguir señalando a la oposición como responsable de frenar sus reformas, pero esta vez el freno seguramente vendrá pintado del mismo color de uno de sus aliados. Si el Verde consigue modificarla, aplazarla o llevarla con suficiente calma hasta que pase la aduana electoral de 2028, no habrá frenado a Morena desde la oposición; lo habrá hecho sentado en la misma mesa donde se reparten los votos y las decisiones.
Reenviado.
”El voto más caro no siempre es el que está en contra; muchas veces es el que parecía seguro.”
La muerte en una pastilla
