LA MALETA DEL CINE

La poética y sus sentidos

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

El cine asiático y particularmente el vietnamita es poseedor de un lenguaje artístico que no tiene paralelos en el mundo del arte. El cineasta Tran Anh Hung (Da Nang 1962) es una de esas voces singulares y vibrantes. Su obra como pocas nos invita a una experiencia sensorial y lírica que nos traslada a los recovecos más descomunales de la imaginación.

Es lamentable, pero para muchos Vietnam es sinónimo de guerra. Las novelas, los libros de historia y las películas se han empeñado en recordarnos que el país del sudoeste asiático ha sido escenario de innumerables conflictos armados. Es cierto que, desde su nacimiento como nación, ha sufrido una serie de colonizaciones y de invasiones por parte de tres potencias mundiales. La verdad es que Vietnam como sociedad y como cultura nos ofrece una variedad enorme y exquisita de virtudes.

Oficialmente conocida como la República Socialista de Vietnam, el país tiene una población estimada de más de 100 millones de habitantes, el decimosexto más poblado del mundo y el octavo de Asia. Tiene frontera con China, con Laos y con Camboya.

Después de lograr su independencia de la China imperial en el año 938 d. C., se independizó de las colonias francesa en 1954 y estadounidense en 1975.

La cinta El aroma de la papaya verde (1993) de Anh Hung nos relata la historia de una familia vietnamita situada en la época de Indochina (cuando era una colonia francesa). El filme es un susurro lírico en su máxima expresión.

La historia comienza con la dulce Mui, una niña peculiar de grandes ojos curiosos que empieza a trabajar como empleada doméstica en una casa de clase alta en Saigón, en 1952; un hogar tradicional donde la matriarca se encarga del orden y el equilibrio de la familia, y el patriarca se encierra en su soledad y melancolía. Mui no sólo se convierte en una hija adoptiva, sino que también desempeña el rol de testigo de las inestables dinámicas familiares, y catalizadora de los importantes acontecimientos que comienzan a desarrollarse. A través de su mirada empática y sensible, nos adentramos en el drama humano que se va revelando poco a poco.

A través de la gramática de la cámara, la extraordinaria iluminación, el diseño de sonido y la música, se desata una fragilidad subyacente que impregna un lenguaje místico.

Al igual que otros poetas del cine como: Terrence Malick, Wong Kar-Wai, Andréi Tarkovsky, Robert Bresson y Bi Gan, Anh Hung es meticuloso a la hora de configurar aquellas composiciones en las que el color y los planos enriquecen la intimidad entre la imagen y el espectador. Es un autor que amplía esas sensaciones que logran una conexión en el subconsciente que compartimos con la película. Un auténtico logro cinematográfico.

Disponible en YouTube.

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