Ha caído el telón y las urnas le dan la victoria a Luiz Inácio da Silva. Lula será, por cuarta vez, presidente de Brasil, dejando en la lona a Flávio Bolsonaro por un escaso margen. En una segunda vuelta de alarido, Lula remontó y alcanzó 52 por ciento de la votación. Sin embargo, la división en el país es palpable y la tensión política va en aumento.
Flávio Bolsonaro es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, hoy en arresto domiciliario por el intento de golpe de Estado que encabezó al perder las elecciones presidenciales contra Lula da Silva. Su hijo, si bien trató de mostrarse en campaña como un candidato menos radical, prometió indultarlo al llegar a la presidencia y hoy ya sopesa sus cartas para exigir la anulación de los comicios. Esperemos que el movimiento quede en tribunales y no quiera seguirle los pasos a su padre y enardecer a sus adeptos incitándolos a la violencia.
El sistema electoral brasileño es muy confiable. Sin embargo, esta jornada sucedieron un par de eventos que podrían dar pie a cuestionamientos. Por una falla en el servicio de transporte público, el partido de Lula pidió la extensión de la jornada electoral por dos horas a partir de las 5:00 pm, hora del cierre de las urnas. El juez a cargo, partidario de Bolsonaro, no se manifestó hasta minutos antes de las 5, cuando se elevó a una instancia superior la moción, ante un juez cercano a Lula, y se otorgó el permiso. La orden llegó tarde a múltiples casillas que ya habían cerrado, por lo que la oportunidad de votar fue desigual según la región en la que te encontraras. El dato curioso fue que también el partido de Bolsonaro pidió esta extensión al ver que se quedaban cortos de votos, pero una vez analizada la tendencia que indicaba su derrota, no ha vuelto a tocar el tema.

No había de otra
Bolsonaro alega que esta irregularidad debería ser suficiente para invalidar la elección. Sin embargo, su llamado no parece tener eco internacional. Gran parte de los gobiernos de derecha del continente han reconocido el resultado de la elección. Incluso los menos allegados a Lula han publicado alguna mención en torno a la colaboración internacional. Bolsonaro se ha quedado únicamente con el apoyo de Milei y Bukele.
Lula es un hombre mayor y tendrá que pensar en el futuro para su proyecto. Es hora de escuchar nuevos nombres y de afrontar la gran sombra de corrupción que sigue a su partido. Sin duda, a nivel internacional es una buena noticia contar con Lula puesto que se ha mostrado en el pasado más cooperador para los grandes temas que implican carambolas de varias bandas, como el cambio climático y el comercio exterior.
Si Flávio Bolsonaro opta por formar oposición, la primera prueba de Lula será lograr unificar a un pueblo dividido y legitimar con apertura y resultados su propuesta programática.

“Es honesta”. ¿Ha mandado donde hay?

