Por una justicia climática sur-sur

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Foto: larazondemexico

Le preguntaron en 2017 al expresidente Barack Obama cuáles son las estadísticas o hechos que más lo empujan a actuar ante el cambio climático. Respondió: “el aumento entre 1 y 4 metros del nivel del mar que afectará gravemente a las ciudades costeras”.

Y agregó: “Si se piensa en los patrones de monzón en el subcontinente indio, tal vez 500 millones de personas dependan de los patrones de lluvia tradicionales en esas áreas. Si esos patrones de lluvia cambian, entonces podríamos ver a cientos de millones de personas que, de repente, se encuentren imposibilitadas para alimentarse, porque ya estarían en niveles apenas de subsistencia. La cantidad de migración, la cantidad de refugiados que podría resultar de algo así, no tendría precedentes en la historia de la humanidad”.

Obama no es de las voces más alarmistas. François Gemenne, coautor del Atlas de migraciones ambientales, publicado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), calcula entre dos mil y tres mil millones de desplazados por el cambio climático para 2050.

Perú y Bolivia ya han legislado sobre el tema. El Poder Ejecutivo peruano tiene, por ley, obligación de emitir un plan de acción para prevenir y atender la migración forzosa causada por los efectos del cambio climático, a fin de evitar el incremento de la presión sobre las infraestructuras y servicios urbanos, el aumento de conflictos sociales y graves afectaciones a los migrantes.

El artículo 65 de la Ley de Migración de Bolivia, por su parte, ordena la suscripción de convenios y acuerdos internacionales para la protección de bolivianas y bolivianos afectados, así como la posible admisión de poblaciones desplazadas por desastres medioambientales o hambruna.

México haría bien en promover tratados internacionales, regidos por el principio de reciprocidad, que prevean la categoría de “refugiado ambiental”. Le conviene a todos los países porque vendrán sorpresas ambientales y no hay certeza de dónde pegará el próximo huracán categoría 5, ni qué países serán más afectados a mediano plazo (¿Perú por el derretimiento de glaciares andinos, Brasil y Colombia por una eventual transformación de la amazonia, o México por la desertificación?). De modo que hoy es el mejor momento para acordar, bajo un velo de ignorancia, los principios internacionales de la justicia climática.

Sería conveniente negociar entre países del sur y no sólo en bloque contra los países desarrollados. Exigir a estos últimos ayuda para atender a desplazados ambientales, como en el Acuerdo de París, es un arma de dos filos. Las naciones ricas podrían etiquetar toda la ayuda internacional para que se destine a adaptación climática, abandonando otros rubros. Y los gobiernos populistas xenófobos usan ya los conceptos de “resiliencia” y “adaptación” para cerrar sus fronteras y conseguirse su “tercer país seguro”.

Por cierto, mañana viernes es la primera huelga mundial por el clima. En México también saldrán a las calles miles de adolescentes y nos invitan a marchar con ellos. Ángel de la Independencia, 2 pm.

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