Una buena parte de las bases electorales de Bernie Sanders, especialmente entre la juventud universitaria de Estados Unidos, está viviendo días de desesperanza. Esa juventud, que se movilizó contra la última crisis económica en Occupy Wall Street, entre 2011 y 2012, y que sostiene posiciones contrarias al establishment político y las grandes corporaciones financieras de Estados Unidos, siente que con la salida de Bernie de la contienda todo está perdido.
Es probable que una minoría de ese electorado transfiera su voto a la candidatura de Joe Biden. Esos jóvenes respaldaban a Bernie porque su socialismo democrático prometía la reforma de un sistema económico y político que ven representado tanto en Donald Trump como en Joe Biden. De hecho, algunos de ellos pueden acabar arrastrados por la falsa persuasión antisistema del trumpismo. El presidente no pierde oportunidad de llamar a los partidarios de Bernie a que se le unan en su lucha contra Biden y el Partido Demócrata.
"Si el desencanto no derivara en políticas concretas, si sólo desembocara en actitudes testimoniales, no sería tan grave. Pero el desencanto, esta vez, como en 2016, será responsable, en buena medida, de la reelección de Donald Trump. ¿Cuál es la lógica o, más bien, cuáles son las lógicas detrás de una fuga del voto pro-Bernie hacia las bases de Donald Trump?"
A pesar de tantas evidencias en contra, una parte considerable de la juventud anti-neoliberal en Estados Unidos y el mundo ve a Donald Trump como un político “post-neoliberal”. Biden, en cambio, les parece el político neoliberal por antonomasia. En esas fáciles clasificaciones se superponen, por lo visto, elementos de política económica y del estilo personal del gobernante. De esos equívocos sale una absurda identificación entre populismo y antineoliberalismo, que en América Latina sería inconcebible después de pasar por gobernantes perfectamente neoliberales y populistas como Carlos Saúl Menem o Alberto Fujimori.
Si el desencanto no derivara en políticas concretas, si sólo desembocara en actitudes testimoniales, no sería tan grave. Pero el desencanto, esta vez, como en 2016, será responsable, en buena medida, de la reelección de Donald Trump. ¿Cuál es la lógica o, más bien, cuáles son las lógicas detrás de una fuga del voto pro-Bernie hacia las bases de Donald Trump?
La más racional de esas lógicas es la que asume a Bernie como víctima de la maquinaria demócrata. Esa percepción tiene sentido ya que, en efecto, la cúpula del Partido Demócrata ha hecho lo imposible por cerrar el paso a Sanders hacia la nominación en las primarias. La recuperación de Biden, que muchos daban por dormido a principios del año, tiene que ver con aquella reacción adversa a una candidatura socialista dentro de las élites demócratas.
"Es probable que una minoría de ese electorado transfiera su voto a la candidatura de Joe Biden. Esos jóvenes respaldaban a Bernie porque su socialismo democrático prometía la reforma de un sistema económico y político que ven representado tanto en Donald Trump como en Joe Biden. De hecho, algunos de ellos pueden acabar arrastrados por la falsa persuasión antisistema del trumpismo"
Si esa lógica del desencanto supone un castigo a la candidatura de Biden, por medio de la abstención o el respaldo a Trump, hay otras más perversas como las que parten de una relación nihilista con la democracia norteamericana. Desde esa perspectiva, limitaciones arcaicas de ese sistema como los colegios electorales o un proceso descontrolado de financiamiento de las campañas electorales, no son vistos como defectos sino como la esencia misma de la democracia.
Hay una contradicción en el hecho de respaldar tan apasionadamente a un candidato a la nominación por el Partido Demócrata y descreer del sistema mismo. Pero el respaldo a Bernie se basaba, en gran medida, en la esperanza de que el senador de Vermont transformara el sistema desde sus cimientos. Desproporcionada o no, esa expectativa se desplaza de manera perversa a un apoyo a Trump en tanto actor que agudizaría las contradicciones del sistema.
Como en 2016, veremos avanzar ese trumpismo perverso no sólo en sectores de la izquierda radical de Estados Unidos sino también de América Latina y Europa. La idea de que Estados Unidos se merece a Trump, porque el magnate de Nueva York es el político que personifica la esencia de la democracia corrupta de ese país, está más extendida de lo que parece. A favor de esa idea actúa también la nueva geopolítica del siglo XXI, especialmente de Rusia, que favorece a los políticos menos respetuosos de las premisas y los protocolos de la democracia y el multilateralismo.

