El Museo Tezozómoc del Instituto Politécnico Nacional (IPN) abrió su nueva Sala de Matemáticas e Informática, un espacio que acerca al público a las ciencias exactas de manera lúdica y ofrece un viaje al pasado a través de una inédita colección de computadoras, celulares y algunos accesorios tecnológicos antiguos.
Paneles táctiles que permiten jugar con las fracciones, entender la aritmética, el funcionamiento del plano cartesiano o los ángulos; coloridas formas geométricas y conos para ver, tocar, desmontar; un gran tablero que invita a conocer la distribución binomial o campana de Gauss son algunos de los elementos que se pueden encontrar en el ala dedicada a las matemáticas, mientras que en la parte de informática una serie de vitrinas resguardan auténticos tesoros tecnológicos que llevan a los orígenes de la computación, como un equipo PDP-12, considerado el primer miniordenador de la historia y que el IPN adquirió para realizar experimentos en los años 70.

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“Es un espacio que refleja el poder del conocimiento, la lógica y la creatividad”, comentó Martha Leticia Vázquez González, secretaria de Investigación y Posgrado del IPN durante la inauguración del espacio en el marco de la Noche de Museos. En esta nueva sala, destacó, el público de todas las edades aprenderá de forma lúdica e interactiva conceptos que nos acompañan en la vida cotidiana.
“Gracias a la colaboración con la Escuela Superior de Cómputo, viajaremos en el tiempo a través de diversos equipos y accesorios que han sido parte de nuestras vidas, tales como calculadoras, celulares, computadoras y videojuegos, teniendo como principal objetivo entender cómo ha sido su desarrollo tecnológico”, añadió.
La secretaria dijo que con la apertura de esta sala se completa la remodelación del Museo Tezozómoc, el cual se ha consolidado “como un museo vivo, actual, incluyente y comprometido con la divulgación científica y tecnológica”.
Mientras que, durante el evento, Iván Giovanny Mosso García, director de la Escuela Superior de Cómputo (Escom) del IPN, celebró que el museo dé cabida a esa valiosa colección de equipos tecnológicos antiguos, los cuales han sido reunidos y resguardados gracias a la dedicación del profesor e investigador Genaro Juárez Martínez, quien también ha sido el cerebro detrás de la creación del Museo de la Computación en la Escom.

En esta sala, dijo, la visión de preservar esa memoria tecnológica se potencializa porque “serán salas que llenarán de aprendizaje, y motivará a los pequeños y pequeñas a adentrarse en las cuestiones de la ingeniería, de la computación y de las matemáticas”.
Presente en la ceremonia, Juárez Martínez recordó que esa colección de accesorios y equipos informáticos comenzó por interés personal y gracias al estímulo que le dejó su profesor Harold V. McIntosh (1929-2015), quien fue uno de los pilares fundamentales de la computación en México en la década de los 60. “Fui alumno de él en los años 90 . Él tenía una colección de máquinas impresionante que a mí me fascinó; su laboratorio, que era un departamento de microcomputadoras en la Universidad Autónoma de Puebla, era un museo. A la larga, pensé que eso se necesitaba hacer porque algo muy notorio es que México no tenía museos de computación”, dijo a La Razón.
Gran parte de los accesorios y equipos que aquí se exhiben son de su colección personal, además de que se dio a la tarea de buscar joyas computacionales en las escuelas del IPN. Fue así como halló la máquina PDP-12, que consideraban desaparecida, ya que en México “son máquinas muy raras y casi todas fueron tiradas a la basura”.


